
lunes, 18 de agosto de 2014

viernes, 27 de abril de 2012
Estoy que me muerdo por contarte que...
...te quiero. Pero no es eso. Es un poco más. Es que te amo. Pero no. No es eso porque otro día amé a alguien y no era así. Bah, no sé lo que es. Me despierto ahora con los labios manchados de sangre dura. Cuando la lavo, veo que lo que pasó es que me mordí mientras dormía. Pienso: si me siento alegre, si digo que tengo todo cuanto quiero, ¿por qué esta tensión? Debe ser el cuerpo cansado, el poco descanso, la cama berreta. Pero no. Es que estoy que me muerdo la lengua por decirte que te adoro. Estoy que me desangro por sacar el secreto del placard. Hace mucho que te quiero. Te quiero desde la época esa en que me querías vos a mí. Hablamos una noche de cosas para hacer juntos. Las terminé haciendo con otros. Igual, no es igual que no seas vos. Y, además, ¿por qué vos? Si sos el más convencional de los mortales, si ya sé que me mentirías, que me plagarías el camino con tus no. Igual, te quiero. Pienso en vos muy fuerte. Siempre. ¿Es nada más la carne? ¿Es, apenas, el cuerpo? ¿Vos pensás fuerte en mí? Arrodillada y desprolija, te confesé que estaba emocionada. No te asustes. Es nada más que te quiero así de fuerte. Bueno, dale, asustate. Si total, sentirse enamorado da terror. Y yo hace mucho que te quiero. Y que no tengo cuanto quiero.Me faltás vos.
jueves, 30 de diciembre de 2010
The bass and the treble
domingo, 24 de octubre de 2010
Siboney
Siboney… Yo te quiero… Caramelo la voz de la mujer. Sé que el tipo de la película tenía una debilidad y además, a una que se debilitaba por él. Sé que te encanta y te atrapa, pero no entiendo… Es el vals número 2: “ahora nunca te voy a conocer, pero te voy a amar igual.” Me acuerdo de respirar completa, de reírme desnuda, de temblar despierta, hasta a veces me acuerdo de mirarme al espejo. Del delivery, del aceite para bebés, de un brillo que había… ¿dónde era? Sí, en los ojos… Pongo el agua a hervir y hasta me baño. Apago las luces y me aferro al control, el remoto, el cercano, ¿sabés?, no puedo dormir a oscuras. Me asusto. No sé si era miedo de morirme o de seguir viviendo. El cielito azul francia me despierta y me acuerdo. De sacar una pierna, la otra, ponerme medias antes de que me de frío en los pies. ¿Te acordás de mi mala circulación? “No exageres” dice el post it en la heladera. Y yo le contesto que… Siboney… Yo te quiero.
domingo, 17 de octubre de 2010
La tataratortura del infolio
La tataratorutura del infolio, en mi ahora lamentable existencia terrícola, tiene raíz en el amor. Amore. Amour. Love. Liebe. Y la puta que lo parió. Lloro y desespero, busco con qué matarlo todo pero nada más lo revivo: de ahí el fuego en mi blog, ¿no? Es como que lo ahuyento con la palma de la mano pero el fuego crece. Y crece porque, como dice Juan Kathrein, seguro es mi culpa. ¿Hasta cuánto puede soportar una persona el autodaño? ¿Hasta qué punto me permitiré llegar en esta carrera inútil hacia el saber sobre el no saber? ¿Puedo soportar lo que sabré? ¿Podré soportarlo? La tatarabuela de los dolores es esa. Porque yo no sabía que existía este padecimiento, que se parece mucho a la enfermedad. Se asemeja a una anorexia, alimenticia y espiritual: no estoy comiendo y nadie come de mí. Mi consumo diario se limita a tabaco y mis pulmones me lo están por reclamar, así como los diez o doce puntos que me hizo el Dr. Freddy Cabarcas en la ingle. Tan sólo hago uso y abuso del Ibuprofeno y cuento hasta diez. Y cuento de nuevo porque la cuenta no me alcanzó. Voy a contar hasta cien, y voy a pedirle un deseo a un satélite: que te mueras para siempre. No en la vida, sino acá. Acá adentro, en el almacén del infolio de mi tataratortura. Que con un beso de tu boca delicada se convertiría en tatarahermosura. Pero, mirá qué chiquilinada, poner los sentimientos al servicio de una persona. Mamá, perdón por ser tan fea.
jueves, 30 de septiembre de 2010
Me ha mirado

Paren el mundo. No es que me quiera bajar. Párenlo, porque hela ahí, la mirada más anhelada de todos los tiempos. Me ha mirado. Ese hombre me ha mirado para toda la vida, como Remedios miró a José. Ojos que sonríen, cargados con la inocencia más mentirosa jamás vista. Paren el mundo, las rotativas, los relojes, los sueños, las realidades, paren todo, por favor, que me quiero quedar ahí para siempre, y que él se quede ahí para siempre, en un momento insospechado de revoltijo de satisfacción de gula y belleza. Paren este instante para la eternidad, que no hay foto que yo pueda sacar para eternizar esto, sólo detengan el mundo, así, en still, que quiero que se pare todo menos yo, así le doy un besito que me ponga colorada. Y después denle play, y que toda esta basura se vuelva una nueva realidad, que en realidad es la vieja realidad, que es la parte donde me quedé varada cuando pararon el mundo y todos se bajaron y yo me quedé adentro. No, no le den play, es muy breve el instante, quiero un poco más.
viernes, 3 de septiembre de 2010
Culpita
Casi todo me da culpa. Disculpe si molesto con mi culposa costumbre de pedir disculpas. Lo piso, lo miro, lo llamo, lo amo, disculpe si lo amo, es que se me chispoteó. Cenicero lleno de colillas: culpa. Casa llena de pelusa: culpa. Mesa llena de migas: ¡culpa! ¡Planificación sin hacer! ¡Culpa, culpa, culpa! Pero no hacés nada, no hago nada, ¡nada! Acá me quedo, pensando que tengo que llamar para conseguir turno y nada, que tengo que tener un billete a mano y nada, que tengo que cambiarme la toallita y nada. Se me mezclan las diagonales, las horizontales, las verticales en el coco y pienso, boludo, todo me da culpa, disculpe que respire cerca de usted, es que usted tiene el aire con el que vivo, y me da culpa el aire tuyo que te saco y no sabés la culpa que me da no hacer nada para sacarte el que te quiero sacar, porque es más de nada, y entonces todo me da culpa y no hago nada, soy la nada, soy un todo de nada, si por algo eligieron Nadia para mí, soy un todo de Nadia que siente culpa de estar acá. Andate, entonces, andate, hacé algo. ¿Quién es culpable de que me haya tocado ser el espermatozoide con suerte? Encuéntrenlo y cáguenlo a trompadas. Yo no tengo la culpa de haber perdido las ganas. ¿Que no? ¿Pues entonces quién la tiene? ¿El Gran Bonete?