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martes, 19 de julio de 2016

Volvieron los '90

   Bien dije yo que lo único que tenía que volver de los '90 eran los Guns. Ahora nos estamos fumando un retorno del neoliberalismo noventoso pero podremos, como en aquel entonces, ajustar la economía para ser parte del show.
Resulta que Axl pone a un lado las rencillas personales para unirse a Slash, que son las figuritas más importantes de la fusión. También se une Duff y dicen que Adler, y si consiguen la firma de Stradlin' tendríamos un jackpot para el orgasmo.
   Pregunta mi madre que si Axl se "amigó" con los demás... Me cuesta creer que sí. Supongo que luego de unirse a las filas de Ac/Dc en la gira vio cuánta gente está dispuesta a pagar por ver rock del bueno, del viejo. Y son MUCHAS personas. Cuento entre esas personas a mocosos de 15 años que se proclaman hinchas de Guns, sin saber que en aquel entonces nos autonombrábamos Gunners. Los borregos que gustan del rock no tienen nuevos representantes del rock. El rock va muriendo a la vez que sus últimos representantes de los 80's van envejeciendo. Hubo intentos como The Darkness o hasta la graciosa Steel Panther, pero nada salió de la comicidad a un mainstream que le patee el tablero al punchi, o al k-pop, o a la propuesta de música con sonido ardilla Alvin que prolifera en redes sociales. Fue un placer para el oído la formación de la banda Hollywood Vampires. Entonces revisa uno quién compone la banda y lee: Alice Cooper, Joe Perry, Duff McKagan, Matt Sorum, Johnny Depp... Son viejos. ¿Acaso ni siquiera los fans de los sonidos previos a Nirvana pueden formar un grupo que renueve la propuesta y la traiga a los '10? El público está, pero quizá está muriendo junto con sus más fieles representantes. Y esta parcialidad nacida en los 2000 quiere ESE producto y ningún otro. ¿O es que ahora el rock de mi infancia es un fenómeno de culto? ¿Dirán en la próxima generación "La electrónica es la posta" y se encerrarán a escuchar eso entrando a sus 40, con un lagrimón nostálgico piantándoseles?
   Hay un mundo (espero que no submundo) hambriento de rock. No de pseudo rock, ni rock pop, ni guitarras decorativas. ROCK. El de los Guns. El de Ac/Dc, que sigue llenando estadios. Porque uno pone play a Appetite for Destruction y se encuentra con una gloria imbatible. Sería una pesimista si dijera que ya nunca volveremos a disfrutar de un auge rockero. Quisiera ver una vez más, como en los '90, la campera de cuero con las texanas como combinación cotidiana. Una bandana en la cabeza. Un tipo que arriesgue el incendio de su cabellera fumando un pucho que no puede sostener porque está tocando la viola. Un tipo que agarre un frasco de pintura en aerosol y ponga su propio apodo arruinando la absoluta negrura de los equipos. O quizá solo estoy vieja, como los rockeros que amo, observando el fin de mi era, trasladándosela a los jóvenes de hoy, y entregando el rock en una caja lujosa, y tironeando de la caja para no dejarla ir. Porque sé que la van a transformar en algo que no se parece a los Guns.
   Sintiendo que todo formaba parte de una ensoñación, ahuyento el pensamiento como si fuera mosca y vuelvo al presente. Y estoy en los 90's. Con el neoliberalismo en el poder y dificultades para pagar la entrada para ver a los Guns en River. Con un esfuerzo, casi que huelo el pebete de jamón y queso del kiosco de Dani, en el Tomás Guido, con mis compañeras Cari y la Ramón, estudiando poco y firmando como esposas de Rose en las evaluaciones de primer año.

viernes, 18 de abril de 2014

Catupecu Machu Revisited

Creo que de los veinte años que cumple Catupecu Machu en 2014, yo los escucho hace quince. Desde que los conozco, interpreto en sus letras un mensaje de aliento para buscar una vida bien vivida y no quedarse en la mediocridad, entendida como esperar que las cosas te pasen en lugar de ir por ellas.
Ayer escuché "A morir!", salido del horno en 1998, grabado en vivo en Cemento. Letra tras letra, capturaba este mensaje que ya referí. Empecé a atar varias frases: 
Carátula Frontal de Catupecu Machu - A Morir
"Nada sucede si todo te acontece sentado en una silla" (Calavera deforme).
"Te dicen 'siga en lista de espera, alguna vez le va a tocar'" (Testigo criminal).
"Hoy es único y no se repite nunca más. No es malo que no se repita y sea único: lo malo es no intentarlo nunca más" (Cuántos son).
"Vayan y suban los ojos y que suba el fuego hasta donde se pueda y más" (El ritual).
"Vi lo quieto que estaba quieto, tocando el arpa hoy. Despertate, no estás muerto. No esperes, no (¡Dale!).
Pensé "¡Qué cachetazo!". Nos estaban diciendo a todos que la vida es hoy. Desde dos costados diferentes: uno bastante pedante o ególatra, poniéndose como modelo de vida, quizá el único que la banda misma pudiera considerar respetable. Cito: "Yo no espero nada" (Testigo criminal). "Busco mucho más de lo que a veces encuentro pero sigo igual. Busco, no desespero" (Los tres deseos). "Tiro esa pared que me tapa la vista. Voy por donde hay huella y también donde no hay" (El ritual). El otro costado, sumamente alentador. Fernando Ruiz Díaz, compositor, voz y carisma de la banda, atraviesa experiencias y nos las cuenta para que no seamos unos tibios: para que al momento de hablar, no callemos; para que al momento de actuar, no esperemos; para que al momento de vivir, vivamos. Y si nos vamos de mambo, siempre está Todo pasa, todo queda: "Si pido perdón es porque yo considero que no me he portado bien". 
A tal punto he tomado de modo personal estas palabras que, allí por el 2001, cuando fui a mi primer recital en campo, a ver la presentación de Cuentos Decapitados en Obras, yo misma era una tibia. Escuché con atención cuando Fernando me cantó (a todos pero especialmente a mí) Cuántos son y me sentí comprometida a no volver sobre mi huella, taparla y que no brille nunca más. Tomé el coraje para cambiar el curso mediocre de mi falta de decisión y empecé a pegarle a la cara del mutante ante el espejo. Por eso, hasta el día de hoy, agradezco este momento tan fundamental para mi presente. 
Y, llegando velozmente hasta "El mezcal y la cobra" (2011), pienso que la banda pasó más experiencias (algunas, terribles) y también su gente. Y que desde "Dale!" (1997), Catupecu intentó moldear un estilo de fan y ser banda de cabecera de un estilo definido de ser humano: el que va por más. Es probable que varios de los que fueron público en "A morir!" hayan abandonado la manada, considerando que con el correr de los años, Catupecu perdió fuerza, o distorsión en la guitarra, o que la inclusión de las Mac y soniditos modernos representa un estilo de rock suavizado o, justamente, tibiecito. Y hay otros que sentimos, con el corazón y no con la cabeza, que Catupecu sigue representando una postura ante la vida que durante veinte años se mantuvo intacta.
Parafraseo ahora sin contarte de qué letra te hablo: algunos sabemos que son las cruces de un cementerio las que nos hablan y cuentan que estamos acá; encendemos todas las luces y bailamos hasta que alguien cierre el lugar; pintamos lo que no se ve; nos bebemos de a tragos el mundo; esas cosas nuestras que estaban por dormir, quedan despiertas; volvemos de las aguas del llanto y cuanto menos buscamos, todo se va revelando; dejamos que todo comience tal y como no hemos planeado; y, desde el 2000 y para siempre, abrimos el costurero y salimos a descoser. Es solo música o bien es sólo rock and roll, pero me gusta. Pero es música con letra. Es música con empuje. Es una banda que es un ser y que te habla. Lo que Catupecu Machu quiere es que pises sin el suelo.  
Felices dos décadas. Y que vayamos todos por más. 

domingo, 7 de agosto de 2011

Limp Bizkit - Estadio Malvinas Argentinas, Bs. As., Argentina, 1º de agosto de 2011 - We did it all for the nükie

Casi no vamos. Pero mi mejor amiga Eliana se lo merecía. Limp Bizkit es la banda sonora de su adolescencia. Y también ha signado mis años de salida de la adolescencia. Hasta tuve un novio nü metalero, con tatuaje de KoRn en una gamba.

Fuimos Eliana, Meri y yo. Cagándonos de frío, con el taxista de peor onda del mundo, caminando el tramo que va de estación Artigas a estación Arata mirando cómo los alternos salían de las alcantarillas donde llevaban años ocultos, con gorritas, bucitos, pantalones anchos y partiéndose.

Llegamos casi puntuales y puntuales arrancaron. El show se anunciaba 21:00 y ellos salieron a las 21:05. Arrancaron con Hot Dog. Fred Durst, sin sorpresas: remera de los Yankees y gorra roja. Wes Borland, con antifaz negro y un body painting que lo consagran como un enfermo encantador. Sam Rivers y su look parecían teletransportados del '99, igual que John Otto y DJ Lethal. Parecía que el tiempo se había detenido por 10 años hasta que llegara este momento.

La gente enloqueció. Desde la platea, los veíamos saltar sin descanso. Lo mismo hicieron cuando sonó Show Me What You Got. Después vino un tema obligado del disco nuevo, Bring It Back, pero como el público estaba entrenado, se lo sabían. Para ese entonces había problemas de comunicación entre Fred y el iluminador, que no se daba cuenta de que la fiesta de la gente saltando merecía más luces. Fred lo pedía pero, evidentemente, el iluminado iluminador no sabía inglés.

Luego llegó Full Nelson. Más locura. Y, para la gilada, el primer hitazo de la noche: My Generation. Nos tenían tan en su bolsillo que la gente empezó con el "Olé olé olé...". DJ Lethal acompañaba el cántico con su bandeja. Fred movía la cabeza, sorprendido, contento. De pronto dijo "son el público más loco que vimos" o, luego, en hermoso inglés yanqui, "you're fuckin' crazy!". También recuerdo que dijo que siempre les contaban de la locura del público de Buenos Aires y que por fin lo podían comprobar.

Después, Livin' It Up. La gente no descansaba. Ellos tampoco. Los éxitos empezaron a caer a lo pavote: Break Stuff (que nos dejó con ganas de romper cosas a lo Tano Pasman, o de tirarnos de cabeza al campo), Eat You Alive, My Way (che-che-check out my melody, qué buen arranque) y Boiler. El acto pasional llevaba hora y media.

El bis consistió de un tema elegido por Lethal: Ghostbusters, de Ray Parker Jr. La gente coreaba "Who you gon' call? Limp Bizkit!" Todo, pero absolutamente todo, era coreado por la gente. Lo mismo cuando volvieron y dijeron que estuvieron hablando entre ellos de lo copados que somos. Y que entonces les dieron ganas de volver pronto.

Fred nos preguntó si nos gusta Metallica. Le hice cara de culo pero sí, me gusta Metallica. Entonces, se despacharon con una versión muy limpbizkizada de Sanitarium (Welcome Home). La gente, obviamente, coreó el riff. Los pibes de la banda, re contentos. Después dijo Fred que le gustaban las chicas, las chicas en bolas, las tetas lindas, los culos lindos, las bombachas lindas, ¡el Nookie! ¡Ah, qué fiesta! ¡Esa se la sabían todos, claro que sí!

A continuación, un poco de calma: Behind Blue Eyes, que dijo Fred que era muy especial para él y que esperaba que para nosotros también. El iluminador seguía apestando en su criterio. Lethal puso la pista. Los demás estaban ausentes. Pero volvieron luego de la baladita para todas las chicas y tiraron las sor-pre-sa-zas...

Primero, Faith. ¡Muy celebrado por todos! Segundo, e inesperadísimo, ¡Take A Look Around! Como seguramente nadie se lo esperaba es que sucedió una cantidad de saltos y algarabía como aún no había habido, y eso que saltamos mucho.

La gente venía pidiendo Pollution, entonces se lo dieron. Era el obsequio a tanta demostración de cariño. Todos sabíamos que Limp Bizkit estaba muy a gusto en nuestra presencia. Se les notaba en la onda, en las locuras de Fred, como acercarse a la valla, y pararse en el borde más borde para tocar la mano de algunos de platea.
El gran final fue con Rollin'. Todos haciendo la coreo con los bracitos. Todo una hermosura. Dos horas geniales de nü metal del bueno, con una banda que no perdió nada de energía y que encima, recibió un montón más de su público argentino. Todos contentos, abajo y arriba del escenario. La despedida fue un poco veloz y nos dimos cuenta que nos teníamos que ir en serio porque el iluminador, al rato, se acordó que cuando se termina un show hay que prender todas las luces.

Supongo que ese final poco claro significa que vuelven pronto. ¿No?

Limp Bizkit - Nookie (Bs. As, 01/08/11)

sábado, 30 de julio de 2011

Lluvia Constante, 29 de julio de 2011, Paseo La Plaza

Me costó salir del estado dramático en el que me puso la historia que me contaron Rodrigo de la Serna y Joaquín Furriel. Cuando salí, quedé llena de improperios y palabrotas al mejor estilo Lombardo, código que Dani (De la Serna) comparte con el personaje de El Puntero.

Dani y Rodo (Furriel) son amigos de la infancia, policías, extremadamente diferentes. Dani es casado, tiene hijos, es bocasucia. Rodo es un alcóholico recuperado, soltero, solitario, seriote. En la introducción de los personajes, Dani hace todo lo posible por caernos bien. Y lo logra. Escuché al público ponerse a favor de él festejándole todos los chistes que le hace al estilo de vida de Rodo. Esto es lo que Dani necesitará durante la obra: que el público lo quiera.

Hay una noche en que la amistad que los une se pone a prueba. La casa de Dani es atacada por un delincuente y la prolijidad que había en la vida de los dos amigos se pierde para siempre. La lealtad se vuelve tramposa, se confunden los lugares morales, el bien y el mal se desdibujan. El tono cómico del principio se esfuma, aunque Dani nunca deja de parecernos simpático y gracioso.

A partir de ahí, los líos van in crescendo. Salen todos los trapitos al sol. Sale el talento de los dos actores para lograr nuestra conmoción, nuestra compasión, nuestra capacidad de sentir la pena del otro. Dani y Rodo nos siguen contando la historia según la recuerdan, haciendo que debamos imaginarnos todo asunto y personaje involucrado en la historia.

Tras casi dos horas, el padecimiento de Dani y Rodo llega a su fin. Me alivia, un poco. Salen Rodrigo y Joaquín a buscar nuestros aplausos. Y se los damos. Rodri revolea los brazos, pidiendo que los aplausos se intensifiquen. Es un rockstar. Me invaden las ganas de ser su groupie.

Salgo de la sala Pablo Neruda y la historia sigue dando vueltas en mi cabeza. Creo que se podría llamar exitosa, o bien, impactante, a una historia que permanece en la cabeza del espectador.

domingo, 13 de marzo de 2011

Crónicas Vampíricas 2.0 - La saga de Twilight


Mi mejor amiga, Eliana, me dice "Quiero que veamos las pelis de Twilight". Yo la miro a punto de decirle que no con la boca bien abierta pero cambio la cara mentalmente y digo "Dale, el finde largo".

Y cumplimos. Tras una sesión de comida china pusimos Twilight.


Tiene un arranque de lo más convencional, así también el nudo y el desenlace. Analizamos: éxito debido al ideal femenino de ser una Doña Nadie y que de pronto dos chabones que se parten se pelean por vos como si fueras La Elegida. Por eso insisto en que esta saga es seguida por adolescentes que fueron niñas que leyeron Harry Potter. Bella no tiene atractivo alguno: es fea, torpe, se viste y camina como varón. IM-PO-SI-BLE que un ser refinado como Edward Cullen vaya a posar sus ojos sobre ella. En el mundo real. En el Mundo de la Boludez, esto sucede hasta un punto insoportable. ¿Cuánta gente cree que Bella es digna de lo que le pasa?

Momento más idiota de la película:

- And so the lion fell in love with the lamb...
- What a stupid lamb!
- And what a sick masochistic lion.

Espeto indignada: "¡Qué frase pelotuda!" Eliana se ríe. Mucho. Terminada la escena, me dice que tanto ese diálogo como la frase "You're my personal brand of heroin" son las frases favoritas del público. Son, justamente, las que menos contexto tienen. Y entiendo por qué tardé en ver las películas y por qué nunca sería fan de esta saga.

Moría de sueño, pero Eliana me dijo que si me dormía y no miraba New Moon, se iba a enojar conmigo mucho para siempre. Acepté. Las fotos que elijo demuestran mi visión de los hechos.

El Lobito este, Jacob Black, es a fin de cuentas un imbécil porque también cae ante los encantos de una chica sin encantos. La cuestión es que yo caí ante los encantos de este menor de edad, cuya percha NO, repito, NO indica su edad. Además, su estilo de vida es interesante. Comparo con Edward Cullen: el "despiadado" (la peor traducción que leí en lo que va del 2011) es frío, anticuado, respetuoso, culto, mucho ceremonial y protocolo. No haría el amor en la calle. El Lobo este se te tira de un acantilado, te arregla una moto, te lleva a pasear en ella, y encima te respeta y te quiere con pasión. Antes de dormirme ya había definido mi equipo: Team Jacob.

No al día siguiente, sino horas más tarde, llegó Eclipse. ¡Un derroche de facha! ¡Un torbellino de calentura! El Lobito tiene 42º C, motivo por el cual anda en cueros por la nieve. Pero no, no es cierto: anda en cueros por la nieve PORQUE SE PARTE.

En un tiro, el chabón tiene que hablar algo con Bella y la espera al costado de la ruta así, prácticamente en pelotas, y el Cullen, celoso, dice "Doesn't he have a shirt?" Esa sí que me pareció una buena frase. Ahí estábamos todos admitiendo la importancia de esos abdominales, tríceps, bíceps, pectorales... Y en otra parte la infeliz pareja (es decir, Bella y Edward) se refugian de los villanos en la montaña nevada. La piba se caga de frío y el novio, si la abraza, es como chupar un hielo. Entonces, lo llaman al LOBITO (42º C, chicos, ¿sí?) para que la abrace un toque y le dé calor. Ahí se dice la mejor frase de las tres películas, de Jake a Edward:




- ADMIT IT: I'M HOTTER THAN YOU.

Grité fuerte-fuerte cuando escuché eso. La verdad se había dicho. Cullen me aburre: no coge, chicos. Es un tipo que se quiere casar. Yo quiero imprimarme con el Lobo este y darnos masa hasta que el mundo se haga mierda o hasta que se nos muera el cuerpo. Hasta me banco el olor a perro usando mucho body splash. Elijo esta foto para el final porque me gustó imaginarme que salgo del trabajo y el pendejo este me espera así en la puerta.

OBSERVACIONES:

· Para vampiros, me quedo con las Crónicas Vampíricas de Anne Rice. Sus monstruos son mucho más interesantes, con una vida mucho más vivida y cosas para contar. Los de Stephenie Meyer me aburren. Mucho.

· Soy del Team Jacob. Quiero que gane él, pero no respecto a Bella. Que se la gane no sería victoria para las chicas del Team Jacob. Queremos que nos venga a buscar al laburo. Eso. Eso es ganar.

· La única razón por la que disfruté estas películas son los 42º C de la piel de Jacob Black.

· ¿Si voy a mirar Breaking Dawn? Bueno, ¿está el licántropo? ¿Sí? Entonces sí.

· Este post fue muy Papurris. Perdón.

· Me confieso 100% loba. ¡Viva Jake!

lunes, 7 de marzo de 2011

Backstreet Boys en Luna Park - 1º de marzo 2011

Me había comprado la entrada en diciembre 2010, como para dar cuenta de cuán importante era para mí estar presente en esta fiesta de la nostalgia, las buenas voces, los gritos irracionales y el pop: un concierto de los viejos y queridos Backstreet Boys. Y un día llegó el día y fui feliz.

Cintia se comunicó un día antes para que compartiéramos lugar en la fila. Yo llegué antes y aproveché mi tiempo sola para comprar dos remeras conmemorativas, que me sirvieran también para hacer el curso de coreografía de BSB que comienza este jueves. Cagada de frío por la proximidad del río, lamenté que las putas de siempre estuvieran en el soundcheck mientras yo esperaba a mi amiga.

Ya desde entonces olfateaba una gran falta de rock por parte de las anhelantes fanáticas. Sus conversaciones eran aburridas, mojigatas, quedadas en el tiempo, como si tuvieran los 12 que tenían 12 años atrás. Supe entonces que nada me impediría llegar cerca de la valla. Sólo bastarían unos codazos y empujones para estar ante los ahora cuatro de Orlando.

Caminar los metros necesarios hasta la puerta 5 resultó una hiperventilación combinada con una alegría gigante. Estar dentro significó escuchar más mojigateces saliendo de labios de las inocentes fans: "¡Saltemos!" "¿Cantamos algo? ¿Cuál quieren cantar?" y "¡Paren de empujar! ¡Paren de empujar!", cantado tal como si hubiera una banda con dicho nombre. De a poco empezaron a pedir auxilio, agua y aire retirándose del tumulto por los costados. Yo les pedía a gritos que hicieran mosh y se dejaran de romper las pelotas. Pronto las bobas que estaban detrás nuestro llegaron a formar un muro impenetrable que sólo generaba que el empuje fuera hacia adelante. Y más y más cerca del escenario estábamos.

Salió Agustín Almeyda a cantar. Al principio le cantaban "¡Backstreet Boys!" por sobre su música. Pero cuando frenó todo para que atendieran a una imbécil desmayada, se metió a las taraditas en el bolsillo. Hasta se sabían uno de sus temas y se lo cantaron.

A las 21 hs, apenas pasaditas, se apagaron las luces. Las cámaras de fotos, celulares, BlackBerries y filmadoras se encendieron y podíamos ver la cuenta regresiva que figuraba en pantalla a través de las pantallas de las malditas fans. Y salieron de la pantalla misma; estaba fraccionada en tiritas y al descorrerla con sus manitos hermosas, aparecieron ante nosotras los yanquees más bonitos que hay. Yo me quedé con la mandíbula caída, y sólo podía decir "Oh, my God - Oh, my God" mientras filmaba.

Asesinos, comenzaron con "Everybody (Backstreet's back)" pegado de "We've got it goin' on".

Apenas pude escucharlos, a causa de la contaminación auditiva de las enloquecidas admiradoras, por llamarlas de alguna manera. A continuación, temas nuevos y ningún hit afuera. Han tenido que acortar algunas versiones para que entren en un show de dos horas. Van por su séptimo álbum de estudio y los hits abundan.

Para cada cambio de vestuario, los pibes ponen en pantalla una versión de películas ultra famosas editadas como para ser parte de ellas. El primero fue Howie D. tomando el papel de Paul Walker en "The Fast & The Furious". Para A.J., la muy buena elección de "Fight Club", donde adopta el rol de Tyler Durden. Acertadísimo, Brian es el príncipe boludo de "Enchanted". Y cerró, favorito eterno, Nick en la piel de Neo charlando con Morpheus en "The Matrix".

Ya aburrí bastante, pero agrego que logré estar cerca tanto como para obtener estas fotos con poco zoom.



Todavía bailan (¡hay coreografías nuevas!) aunque a media máquina. Se nota que comen bien porque ya no son esbeltos (excepto Nick, que está "más bueno que comer pollo con la mano", dijo Clarisa) y ni hablar de cómo cantan. Perennemente bien. Hace 18 años que están juntos y hace más o menos lo mismo que somos las mismas las que vamos tras ellos. No es novedad para estos señores, ya que se nota en cada tema que no tienen interés en conseguir fans nuevas; que siguen ahí por las locas de siempre; que ellos y nosotras ya somos como viejos amigos. La letra de la canción que dio comienzo al show reza "As long as there'll be music we'll be comin' back again". No sé de ninguna otra banda que haya asumido este compromiso como ellos.

Nos fuimos exhaustas, mudas (yo no canté porque si no, no respiraba entre tanta vaca sudorosa y egoísta), hechas agua, por ellos, por el sudor humano, felices, satisfechas, conformes. Aunque nunca es suficiente. Deseando que vuelvan pronto, los despido hasta la próxima. Espero ya tener el tatuaje en su honor bonito y terminado para cuando canten de nuevo en Buenos Aires.

viernes, 14 de enero de 2011

Reestreno de Volver Al Futuro, 25 Aniversario - 13 de enero de 2011

Me pasé las vacaciones hablando sobre esto: que hay que poner en cartel, al menos una vez por semana, esos clásicos que no tuvimos la chance de ver en cine los veinte/treintañeros porque éramos muy pendejos para apreciarlo. O para que nos dejaran entrar al cine. La primera película que mencioné fue esta. Volví de mi viaje el miércoles por la noche y el jueves, al despertar, me enteré de esto. Inmediatamente llamé a mi primo (otro fan de la trilogía) y concretamos entradas para la función de 22:45 en Showcase Belgrano.
Chandler, realizador de cinesargentinos.com.ar, compró la peli y la trajo para que podamos revivir momentos gloriosos. Decía él que si juntaba a 5000 personas, no tenía que vender el auto para recuperar la guita. Juntó a muchísimas más.
Minutos antes de comenzar la función, Chandler se presentó como el gestor de todo esto y fue aplaudido por varios minutos. Vanidad 100 % justificable. Luego su amabilidad se extendió aún más y sorteó unos pósters con los números de fila y asiento. La suerte nos acompañó y ganamos uno.
La definición y el audio son impecables. Ya sé que todos la vimos más de cien veces pero aseguro que hay más detalles por conocer. Por ejemplo: la marca del vodka que bebe Lorraine en el '85, un reloj del Doc que tiene a un hombrecito colgado de las agujas, el sudor que recorre la cara de Marty luego de voltear un pino del viejo Peabody, entre otras. Algunas partes fueron festejadas, tanto como en el primer silencio, cuando uno gritó: "¡No me la cuenten que no la vi!". Palmas y silbidos para el momento en que sale el título, la piña de George a Biff y el beso de los futuros Sr. y Sra. McFly. Nos reíamos de todas las situaciones graciosas como si nos sorprendieran por primera vez. Éramos un conjunto de niños adentro de cuerpos adultos. Éramos felices.
Este placer se va a disfrutar durante sólo una semana. Ya planeo volver a verla en compañía de mi hermana. ¿Dije volver a verla? ¿Usé la palabra volver? Perdón por lo sensiblero, pero Volver Al Futuro volvió, y yo quiero volver.

sábado, 20 de noviembre de 2010

The Smashing Pumpkins en el Luna - 18 de noviembre de 2010

Me preparaba para ir a comprar la entrada pensando en la publicidad de Adidas, que decía "Messi + 10". Y sé que voy a ver a Corgan + 3. Lejos del presente están los queridos D'arcy, Iha y Chamberlin. Pero Billy está, y no podía volver a fallarle, desde aquella vez en el '98.

Otra vez en la compañía de Sole, una copada, nos encontramos por Bouchard. Estaba con su amigo Nori, otro copado. A las 7 menos algo abrieron puertas así que Nori se fue y empezamos a esperar que cayera gente al baile. Todo indicaba que habría banda soporte. Nunca nadie se los quiere fumar a los teloneros, pero estos eran perfectos: sorpresivamente para mí, apareció en escena El Otro Yo.

EOY es una banda que te agarra de la espalda y te pone en otra época de tu vida; una donde todo estaba bueno. Gracias, Aldanas + el resto, por la alegría. Un teloneo de lujo. Hasta sonó Cortá El Pasto.

Todo parecía encaminarse a la puntualidad. El show estaba anunciado a las 20:30 pero no fue sino hasta las 20:50 en que apareció la calva cabeza que todos queríamos ver.

Arrancaron con una de esas que se saben pocos, The Fellowship, y después Lonely Is The Name, pero ya se veía a un Corgan nada envejecido, contento, agradecido por el amor del público. Además, para sorpresa de Sole y mía, un Corgan sin vestido de gala, luciendo no más que un kimono divino y unos pantalones horribles.

Como tercer tema, nos asesinó con un hermoso Today. Y no les puedo contar lo contenta que estaba la gente porque no se puede describir. A continuación, Astral Planes, y luego una poderosa Ava Adore que fue saltada con la pasión que esa fabulosa letra pide.

¿Por qué me gusta The Smashing Pumpkins? Por dos cosas: 1) su música tiene belleza triste, o tristeza bella, y 2) sus letras tienen belleza triste o tristeza bella. Creo que Corgan escribe las letras más lindas de toda la música que escucho. (Escucho muuuuuuuucha música, yo). Pero este show eliminó toda tristeza y quedó sólo lo bello. Como cuando Billy propuso calmar los saltos y nos dejó escuchando A Song For A Son y Eye (genial tema) pero enseguida redobló la apuesta y nos tiró un festejadísimo Bullet With Butterfly Wings.

Después volvimos a bajar un poco con United States (que fue un medley del himno yanki con Moby Dick de Zeppelin) y Spangled, temas muy nacionalistas, como lo indican sus títulos. En una de estas, Billy se despachó tocando la viola con los dientes. ¡Con los dientes! Eso me ayuda a entender las palabras de un guitarrista conocido mío, que dijo que la relación que tiene con su guitarra es altamente sexual. Si Billy no estaba haciéndole un cunnilingus a su instrumento, díganme cómo lo llamarían. Además, tocar la viola con los dientes en el 2010 es bien old school, tal como él mismo lo había anunciado en Twitter.

La calma bella siguió con una versión rocker de To Sheila, temazo que abre mi disco favorito, Adore. Hasta que volvió la tormenta y nos mandó, uno atrás del otro, casi irresponsablemente, Cherub Rock + Zero. Y sigo sin poder explicar la felicidad del público. Es como el sueño del pibe: tener a un grunge del buen grunge tirándote temazos como 15 años después del enamoramiento de uno con ese tipo de música. Dios mío, los '90 la rockearon y pude estar en uno de los recitales que reivindicó todo eso. ¡Qué plenitud!

Shame y Freak también mantuvieron las aguas en paz, pero luego salieron las notas de Tonight, Tonight. Tuvimos esas notitas como para anticipar el redoble de la batería y empezar a cantar con Billy. ¿Y saben qué? La sigue cantando como hace 15 años. Pegada a esta preciosidad, esa hermosa banda hizo sonar Stand Inside Your Love, otra hermosura pasional.

Qué noche romántica tuvo Billy. Estaba enamorado del amor, de nosotros, nosotros de su música, de él. Creo que ese concierto fue lo que la gente llama hacer el amor. Eso que no es sexo, ni ponerla, ni sacarse las ganas. Ese hacer el amor que es dar el cuerpo y el alma. Y acá estoy, tipeando cursimente porque me enamoré de la música que Billy me dio.

Con Tarantula cerró la primera parte y pasamos a los bises. Corgan vino solito con la acústica y nos regaló A Stitch In Time seguida de "una canción que escribí cuando era muy joven": Disarm. ¡Gracias, Corgan! ¡Gracias!
Parecía que no faltaba nada. No faltaban hits, no faltaban discos, ni amor, ni belleza, ni emociones, ni calma, ni locura, ni pasión. Dio todo y dimos todo. Pero faltaba un poquito más: la sorpresa de la tierna By Starlight, que entre tanto hacer el amor resultó como un beso con mirada a los ojos; y el cierre, con Heavy Metal Machine.

Corgan desplegó talento, gratitud y old school rock power, como había anunciado. La gente acompañó todo. Salimos todos contentos tras dos horas de nostalgia y belleza. Y algunos me dicen que The Smashing Pumpkins son para escucharlos encerrado en tu pieza con una Gillette en la mano. No entienden nada. ¡Son la banda más hermosa del mundo!
Lo lamento por todos los que no estuvieron ahí. No se los refriego, no. Realmente fue una fiesta.

Billy tuiteó: "Thanks to our fans in Buenos Aires for a great show! Till next time...". Gracias a vos. Te esperamos con ansias, cuando quieras.

domingo, 10 de octubre de 2010

Nice to know you - Se escucha mal pero se ve bien.

Incubus en Luna Park - 5 de octubre de 2010 - Are you in? 'Cause I AM!!!

Si hay alguien con quien ir a ver conciertos es Eliana, my bff. Pero ella no podía. Y si ella no podía, yo no quería poder. Pero me dijo:

- Tenés que ir igual. Si yo no voy, andá vos.

No la podía decepcionar.

Me compré la entrada para ver a Incubus a cambio de $308. ¿Era capaz de pagar eso para ver a Brandon Boyd en persona? Sí. Y si me quedaba alguna duda, sabía que el concierto me daría una respuesta definitiva.

Con Sofi, una tiernísima seño del cole, llegamos como a las 18:15 a Bouchard. Su amiga, Sole, ya estaba apostada allí así que, parándonos a su lado, evitamos ser la cola de la cola. Tras cagarnos de frío una hora y algo, la fila se movió y pudimos entrar. Tan pronto, que saqué una foto al escenario para dar fe de mi cercanía a él.


A las 20.15 salió a escena Xpiral, banda soporte rosarina. No sonaban mal pero les faltaba glamour. Ya está conversado con Eliana que, si la banda no tiene un integrante hot, no surge. No avanza. No llega. Y el caso es que los cuatro eran medio fuleros y el volumen de la guitarra estaba demasiado alto. Me dejaron sorda durante los veinte minutos que tocaron. No subo fotos de esto.
Los deseos se cumplieron a las 21:30, cuando se apagaron las luces. Me dio un rush de adrenalina, porque no podía creer la distancia entre mis ojos y el micrófono de ese tipo tan pero tan dable. Y a poco de apagarse las luces, aparece, como si saliera de la cocina de tu casa, DJ Kilmore.


Acto seguido, surgen de atrás de la cortina los otros Incubus: Ben Kinney, José Pasillas, Mike Einziger y... él. El momento que venía esperando desde que me los perdí en el 2007. ¡Brandon Boyd a tres metros de mis ojos pasmados!

Eliana y yo sentimos una fascinación extrema hacia Boyd en cuanto a sex appeal. Nos cuesta pensar en algún otro famoso que nos encante más. Todo lo que opinamos sobre él aparece en nuestro blog, Papurris. Eso explicará la conmoción cerebral de tenerlo cerca.
De sólo mirar adelante, tenía a Ben Kinney delante mío. Tan delante, que le pude sacar esta horrible foto movida.


Uno de los mejores discos que escuché en mi vida es Morning View, de 2001. Y es el único disco de Incubus que me sé. Y tampoco lo es porque no me acuerdo las letras. No soy fan de Incubus: soy fan de Brandon Boyd. Pero tengo al disco lo suficientemente escuchado como para saber que el show empezó con Circles. Un arranque potente y un Brandon... partido en mil pedazos.
Pero después siguieron los temas que no me junaba: Anna Molly y Nowhere Fast. No los cantaba por dos razones: 1) no me sé las letras y 2) se me cayó la mandíbula cuando vi lo bueno que está el chabón.


Pero por suerte, después llegó Nice To Know You, que era uno de los que esperaba escuchar. Y ahí no saqué fotos: filmé. Lamentablemente, el sonido es muy malo pero la imagen es genial. Innegable la importancia de la imagen cuando el cantante está tremendo. Miren si no la foto que le saqué a este pedazo de yeguo.


El show dejó canciones absolutamente disfrutables: Pardon Me, Oil And Water, Priceless, A Crow Left Of The Murder. Y llegó Drive, que es una canción cuya letra ha cobrado mucho sentido para mí últimamente. Con Love Hurts me enamoré hasta el nudo en la garganta. Con Megalomaniac salté lo poquito que podía, apretada por la multitud.


Después vinieron más temas de los que no me sé la letra: Quicksand y A Kiss To Send Us Off. Igual, todo 100 % disfrutable. Y encima, cada vez que Brandon se venía para la izquierda del escenario, aprovechaba para hacer estas tomas:


Wish You Were Here era el tema elegido para llamar a Eliana, por lo que le gusta y por lo que el título mismo indica. Le dije que no le iba a hablar cuando la llamara, pero no pude evitar decirle "Estoy en la valla, no sabés lo bueno que está este flaco."


Después apareció Look Alive y lo que para mí resultó una sorpresa: Aqueous Transmission. Hermosa canción que suena en vivo tan bella como en el disco.
A continuación, Brandon dijo "Thank you" para que llegaran los bises. ¿Y cómo vuelven? ¡Con Just A Phase! ¡Genial! ¡Uno de los temas más grossos del mundo! Luego, Brandon presentó tema nuevo, Surface To Air, y fue excelente que no cantara nadie porque pude escuchar a Brandon (las chicas gritaron mucho) y porque pude ocultar mi desconocimiento de las letras. A todo esto, mi mandíbula seguía abierta en no comprensión de tanto erotismo boydeano.
El cierre fue, gracias al Cielo, con un tema del discazo ya mencionado. Arrancó Have You Ever, y después de tanto disfrute y que el show me pareciera corto, los cinco se abrazaron y se fueron de mi vista.


¿Qué me pareció la banda en vivo? Contundente. Suenan muy bien y convencen. Leyendo críticas en la red de redes, descubrí que mi sensación es compartida: son tan profesionales que parece que se guardan algunos cartuchos. Pero, a la vez, no sé si podían regalar algo más. Fueron lo suficientemente copados como para sonreír ante el "olé, olé, olé/ olé olé olé olá", que sonaba estúpido porque había un problema de métrica con el nombre de la banda. Además, vergüenza ajena de escuchar que la gente los pronuncia IncUbUs, bien fuerte la u.
Tocaron los temas que la gente quería escuchar y estaban contentos. Los vi relajados, cómodos. Los vi sin divismo, con la ropa que se habían puesto a la mañana, con un escenario por demás despojado. Los vi músicos, una banda de amigos que hacen música porque les encanta, más allá de las minitas y los dólares. Y a Brandon, lo vi partido en mil pedazos. Así se veía cuando se retiró del escenario hasta la próxima visita.


Espero que vuelvan pronto y que no tenga que desear que Eliana estuviera ahí, sino que esté. Elu, no te podés perder este peceto. Ni la música hermosa que demostraron saber hacer.

lunes, 9 de marzo de 2009

Backstreet Boys en Luna Park - Martes 3 de marzo, 2009

Algunos dijeron que el que se fue de Backstreet Boys fue Justin. Otros aseguraban que se habían separado. Otros más comentaron que habían muerto. Y que eran putos. Toda clase de comentarios recibí cuando dije "el 3 de marzo voy a ver a Backstreet Boys". Hasta algunos deben haber pensado que me iba a ir a verlos al extranjero.

Si no fuera por Vicky, ni me hubiera enterado. Detesto los clubes de fans y lo enfermos que son y que te ponen, porque si entrás en la vorágine querés saber hasta a qué hora suelen ir al baño a hacer lo número dos. Ni el Luna Park, ni Ticket Portal, ni nadie promocionó nada. Pero en un mes de venta, las entradas se agotaron.

Y tal como lo indicaron las ventas, no cabía ni un alfiler. Cintia, Sabrina y yo no entrábamos en razón: sí, sí, son los Backstreet Boys, BSB para los amigos. Sabri decía: "Seguro son los Boxstreet Boys, que hacen covers. Debe ser todo mentira." Teníamos motivos para pensar así: pasaron casi nueve años desde el último show, en River, con varios asientos vacíos.

Pero después del aguante hecho por Custodios (bien recibidos por las fans) se apagaron las luces y empezó el griterío. Todo quedó en penumbras, exhibiendo tan sólo tres telones negros que parecían agarrados con pinzas. Se prendieron cientos de cámaras y celulares, y era increíble pensar que esta vez te los llevabas a tu casa. Sí, esta vez podías entrar con cámara y llevártelos de recuerdo. No tenían sentido los vendedores en la puerta ofreciendo fotos: ahora tenemos Internet. Recordé tanto todas las revistas compradas, incluso te vendían en Florida hojas de mags importadas por 30 centavos. Y pasear por Galería Jardín a mirar las vidrieras llenas de singles con lados B que no podía bajar de Internet porque no tenía cómo escucharlas. Se acabó todo: Argentina se tecnologizó y ahora recibir a los Back era distinto. Mejor.

Cuando se cayeron los telones, ahí estaban ellos, ahora cuatro (porque se fue Kevin, no Justin), envueltos en batas blancas, cada uno con ribetes de distinto color (azul, amarillo, rojo y negro). Nos daban la espalda para que gritemos más y más, y con esos gritos se llenaban de energía, como en Monsters Inc. Un ring ocupaba el centro del escenario mientras en la pantalla se veía a los luchadores (que la siguen peleando, aunque ya no estén al tope de ningún ranking) anunciados por un presentador en off. Los nombraba a cada uno de ellos: Brian Littrell, Howie Dorough, Nick Carter y A. J. McLean, y tal como lo decía el tipo y como yo no lo creía, estaban ahí, parados, más cerca de lo que jamás los vi, aunque mi asiento era una cagada.

Al voltear, pudimos comprobar que eran ellos, los únicos y originales, joya, nunca taxi. Increíble. Grité tanto que me dolía la mandíbula. El tema Eye of the tiger, típico del box, tan típico como el Luna Park mismo, les sirvió de sample para empezar con Larger than life, tema escrito para las fans que les hacen el aguante. Y pegado, sin respiro, Everyone, que es tanto para fans como para detractores. Y se los veía más o menos así:

Con tanto zoom mis fotos eran una basura fuera de foco. Yo pensaba que ahora que están viejos y medio pasados en kilos no iban a bailar más. ¡Qué no! No sólo bailan todavía, y bien, sino que hay coreos nuevas y cuando bailaron las viejas-viejas a todas se nos piantaron lagrimones. Nos tuvieron 105 minutos así, un tema atrás del otro, tomá y tomá, gritá y desarmate, llorá y amame. Varios de los temas que hicieron salían de su último álbum, Unbreakable. Y para ellos estuvo buenísimo que los cantáramos. Otro de mis pensamientos era: ¿cómo van a mantener la chispa cuatro tipos con mucha voz y sin fuegos artificiales? Con eso: con la voz, de ellos y nuestra, porque saben que van a decir "hola" y vamos a gritar; saben que van a saludar con la mano y vamos a gritar; saben que van a hacer alguna carita tierna y vamos a gritar.



¿Sabés qué temas hicieron? Los que conocen todos: Quit playin' games, I want it that way, Show me the meaning of being lonely, Everybody y hasta su versión en castellano de I'll never break your heart. Ah, no paro de morir de amor. Y también hicieron los temas que conocemos nosotras solas, y los cantamos hasta quedar sin garganta.


En este show vi a cuatro amigos que se adoran como hermanos, sencillos, superados, dispuestos a reírse de sí mismos, pasándola bien y haciendo lo que más les gusta hacer en el mundo: cantar canciones para que las chicas griten. Y para que se notaran los favoritismos, cada uno salió a hacer su temita solo. Y Nick sigue robando. Ni hablar de lo bueno que se puso: ¡está tremendo! Se le fue la cara de niño y ahora quedó un hombre por demás encantador. Estaba especialmente enérgico, saltarín y contento. Y Brian, tan tierno que te casás. Howie, metiendo sus palabritas en castellano para que lo amemos más. A. J., meneando una panza sexy que le queda muy sexy.

El final nos deparaba sorpresas. A nosotras y a ellos. Todo terminó con un bis que fue Shape of my heart. Ahí salieron con la obligada camiseta de la AFA, con el ahora obligado número 18 en la espalda. Y las chicas los sorprendieron con carteles que salieron desde todos los rincones rezando "thank you 4 coming back". Fue una movida que se armó en Internet con gran éxito.

Y así nomás se fue la noche, en un santiamén. Odio a todas las que estuvieron adelante y amo todo lo que hicieron los 4 de Orlando sobre el escenario. Odio lo feas que me salieron las fotos y amo haberme quedado sin voz de tanto grito. Odio la ubicación horrible que conseguí y amo todas las canciones que me cantaron estos guachos. Odio que ahora falta andá a saber cuánto para que vuelvan (porque prometieron disco nuevo para este año y nueva gira) y amo que hayan venido por cuarta vez a mi tierra. Y los amo. Los amo y los amo y recuperé toda el fervor de cuando tenía 10 materias en la secundaria, cuando mis separadores estaban atestados con las caras de ellos, cuando por fin llegaba el sábado para intercambiar material en la Plaza San Martín, cuando las fotos se sacaban con rollo y cuando tuvieras plata veías lo mal que salían. Amo mi vida y la parte linda de ella que los Backstreet Boys son. Y cuando arregle la videocasetera me pongo a ver mis once VHS llenos de cosas de ellos.

Luv ya, Boys.



lunes, 15 de diciembre de 2008

Cuentos Borgeanos en La Trastienda - 27 de noviembre de 2008

Resultó ser que una tarde de mucho calor, tres pibitas y yo teníamos entradas para ir a ver a Cuentos Borgeanos a La Trastienda. A pesar de la exageración de la temperatura, enfrentamos el infierno y salimos. Camino a la parada del 152, encontramos la publicidad del show y posamos, por ejemplo, así:

Llegamos casi puntuales a estos shows que están cada vez más empecinados en empezar de una hora a una hora y media tarde. Paveamos en la puerta un rato, y adentro me dio por fumarme un pucho. No me animaba a causa de las advertencias y carteles, pero ni bien vi a un desobediente me copié, así:
Elegimos el lugar más al fondo, para alejarnos de los golpes infundados de la gente que va a ver shows para sacarse. Y realmente queríamos coronarnos como un cuarteto distinto, para lo cual elegimos llevar antenas de varios motivos sobre nuestras cabezas.
El show tuvo un arranque bien rockerito, que me puso los ánimos al máximo. Y no decepcionó. Tanto saltábamos, que al final del primer tema ya estábamos algo deshidratadas. Los pibes, además de talentosos, son muy lindos. El show se veía más o menos así:

Mi amiga me miraba con ojos suplicantes de agua. Aunque agua era lo que nos chorreaba por el cuerpo entero, pero agua salada, de nuestras propias vísceras.Nos acercamos al mostrador a pedir una botellita cuando escuchamos una invitación al escenario: "Con nosotros, Cristian Aldana". "Uh, bolú", el comentario mientras esperábamos el vuelto. Las dos habíamos pasado muy buenos momentos escuchando "Alegría". Y mientras a ella el cajero le daba las monedas, sonaron los primeros acordes. ¡Era "Alegría"! Lo vimos así:

Pero después sí que se fue todo al joraca: Abril dijo que había invitado a Fer Ruiz Díaz y que no había podido venir porque tenía otras cosas... "Mentira", dijo mi hermana. Sí, era mentira. Apareció el tipo con ese aura magnífica que tiene y se acabó lo que se daba: estábamos al fondo y terminamos adelante porque todos se aplastaron para contagiarse de esa inagotable energía catupequense. Cuentos Borgeanos cantando "Felicidades" con Fer se veía así:


Pero la verdadera ida al carajo fue el final: vino todo el mundo. Apareció Macabre, apareció Pablo Romero, volvió Aldana, volvió Fer... Un despiole musical imperdible. Qué felicidad... En un momento pensé que íbamos a cantar "Dale!". Mi hermana comentó que podrían haber hecho un híbrido llamado "Felicidale!". Como sea, fue un espectáculo. Lo vimos así:

Salimos hechas sopa, con aromas varios, ninguno agradable. Pero felices de la vida. Fue una noche muy feliz. La cagada: el regreso a casa. No importa, yo sé que algún día Sabri y Elu van a vivir más cerca y vamos a salir de joda sin dramas de bondis y sin GBA.
Y vamos a cuentear el triple.
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