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lunes, 18 de agosto de 2014


En ocasiones, la peor de las ideas de perder el tiempo (o procrastinar) es leer la sección de noticias de nuestro perfil de Facebook. Nos agobia y nos llena la mente de frases, que varias veces se pelean unas con otras; de fotos de alimentos; de imágenes de cine que representan emociones; de disgustos con personas a las que no se nombra; de links de YouTube; de niños que nos son irrelevantes; de cosas que al cabo de treinta lecturas de actualización de estado y de elementos compartidos yo me pregunto: ¿Cuál es el sentido de la vida en este siglo? ¿No será que finalmente todos seremos en nuestro paso por la Tierra unos talentosos procrastinadores?

¿Qué hay más elevado, más importante que contar en Facebook quiénes somos y lo que nos ocurre? ¿A dónde nos están llevando las redes sociales? ¿A quedarnos a vivir en ellas o no hay ningún fin? ¿No hay fin alguno?
¿Qué hacemos acá? ¿Por qué es tan irresistible hacernos públicos? Yo no paro de pensarlo: ¿Qué vida nos estamos armando con todo esto? ¿Es nada más el deseo de eternidad? ¿Es un modo enfermo o sano de backupear la propia vida? ¿Es nuestra reunión con los demás una oportunidad de tener algo para poner en Facebook o la reunión es más importante? ¿Cuánta gente hace realmente algo de lo que postula allí? ¿Allí? ¿Es un lugar? 
Las cosas uno ahora se las entera gracias a ponerse a pelotudear ante su dispositivo tecnológico. Porque ya hace unos años, desde libros de autoayuda, charlas estimulantes u otros, nos están diciendo que todos tenemos derecho a decir lo que pensamos y sentimos. Eso que habita nuestro corazón y nuestra mente ahora tiene las redes sociales para poder salir. Entonces somos todo ello, todo ego: YO quiero que sepas esto, YO quiero expresar aquello, YO deseo que TODOS sepan lo otro. Lo que nadie dijo (o pocos entendieron) es que tenemos este derecho de un modo transformador, para ser más felices, para expandir buenas intenciones y augurios a los demás. El poder de expresión se está usando para agredir ("Sabes una cosa!!!me estas llenando las pelotas!!!!! Me comparas con una mina que no sirve pa mierda que como persona es un sorete!!!!" postula una mujer entre mis noticias (SIC)) y para lo sumamente irrelevante ("Retweeted Clima de Ballester (@climaballester):Temperatura: 20,2°C S.Térmica 20,2°C PR 13,2°C-Viento: 9,7 km/h N Ráfagas 15,8 km/h-Presion: 1016,4 hPa-Lluvia:0,0 mm-Humedad:64%" manifiesta otro). ¿Hay necesidad? ¿Las redes sociales nos mueven por necesidad? ¿De contar el clima? ¿De defenestrar a alguien porque no se le puede decir nada personalmente?
¿Cuáles son las cosas que se pueden considerar "útiles" de plasmar en las redes sociales? ¿Una campaña solidaria? ¿Informar de un evento que puede interesar a miles? ¿Sólo es relevante si beneficia a muchos? ¿Lo que me preocupa es la escala tan pequeña en la cual las cosas importan? ¿A quién le importa tu merienda en Starbucks? ¿A quién le parece fundamental para su día que el tuyo haya sido malo? Entonces, me releo: "fundamental para su día". ¿No es la escala personalizada de expresión lo que estoy juzgando? 
Estoy confundida. Me ahogo en las aguas de las actualizaciones de estado. Me rehúso a borrar mi perfil y genero nuevos: Instagram, Pinterest, Spotify... Cada vez leo menos lo que postulan los demás y más lo que postulo yo. Yo. YO. ¿Estos son nuestros intentos de eternidad? ¿Es diversión? ¿Es en serio? ¿Qué es esto?


¿Qué es?

domingo, 27 de julio de 2014

La loca

Hoy fui a un velorio. Mi primera (y única) vez había sido la despedida a Fernando Peña. No conocía a su madre, ni a su padre, ni vi a su familia devastada junto al féretro. Esta vez, murió la hija de un colega. Una piba de 16 años que hacía rapel. Verifico en Google como se deletrea rapel. Pongo rapel y aparece la noticia. Una vida entera se va por un mal golpe. Hubiese amado enterarme que se dio un golpe en la pierna, que se fracturó, que no va a volver a hacer deporte. Pero no que se haya muerto. ¿Cómo se va a morir una chica de 16 años? ¿Cómo se va a morir una chica aventurera? ¿Qué lección quiere la Vida que aprenda quién con esta mierda? 
Esta vez sí vi a la familia devastada junto al ferétro. Esta vez sí que antes de entrar no tenía ningún nuevo chisme, ni me fascinaban las novedades que me contaba mi acompañante. Esta vez, me ganó el silencio. Y me ganaba el miedo. Se me subía hasta la garganta para anudarla. Se me metió en los pies en forma de sudor frío. Se me juntaba en el pecho y me mandaba sustos repentinos. Cuando esperaba que vinieran a buscarme para ir al sepelio, me decía una y otra vez que no quería ver el cuerpo. No, no. No quería ver lo frágil del ser humano. No quería ver lo incapaces que somos de controlar lo incontrolable. No quería ver que podría ser mi hermana, mi sobrino, mis primos. Gente radiante de vida a la que, de ninguna manera, podría haberle llegado su hora. 
Tuve que ver el cuerpo. La nena no tenía un rasguño. Fue un mal golpe. Un mal golpe que terminó con todo en minutos. No era posible apartar a su familia del cuerpo. Vi a su hermano, ese chico sexy con tanta actitud, ahora devastado, acariciándola. Le di un gran abrazo a su padre, mi querido colega, y no pude darle un abrazo a él. Lo imaginé tan enojado con el mundo que creí que iba a golpearme. Creía que iba a golpearme porque yo quería golpear algo. A la Vida no se la puede golpear. Es ella la que golpea. Es ella la que golpea cuando se junta a hacer tratos con la Muerte. 

Horas después, algo adentro mío se estaba muriendo también. Pensaba por qué me hacía tanto daño esta muerte, si apenas conocía a la chica, cuando sonó el timbre. Y me asusté. Pensé estupideces, como que podía ser mi ser amado, pero ese no es posible. Era una piba. De poco más de 16 años. Equivocada de timbre. No sé quién le abrió la puerta de entrada al edificio, pero volvió a equivocarse de piso cuando golpeó insistentemente mi puerta. Y de nuevo, el miedo. Alguien que toca mi puerta da miedo. Mi puerta jamás es tocada. Acá al Inframundo nadie viene. Lo que no saben es que acá, en el Inframundo que da miedo, también hace hogar el miedo. 

Aterrorizada, me acerqué a la puerta, preguntando quién es. Le abrí a la piba y quedé fuera de mí. Le dije que necesitaba saber a dónde iba, que a mi casa no viniera, que seguramente la joda la esperaba en el piso de arriba, donde siempre hacen quilombo hasta tarde y me tienen las bolas por el piso. 
- Pará un poco. Yo te hablé bien - respondió la insolente. 
- Ni siquiera me hablaste - respondí, sacada. 
Le cerré la puerta y la oí decir: 
- ¡Uy, qué loca que está la gente! ¿Por qué no salís?
Y salí. La toreé y la empujé. 
- Pará, ¿qué hacés? - respondió, socarrona. Y quise golpearla con todo mi ser. 
- Tomatelás - le respondí, por demás alejada de mi moral.
Le di el empujón que quería darle a la Vida por esta injusticia. A ella, que bien podría representar a la piba que fui a despedir. Le di un empujón porque me dio miedo. Le di un empujón porque me pasé todo el día muerta de miedo. Loca, me dijo, muchas veces, loca. Ella vio la forma de mi pelo, de mi cara, de mi gesto. Sí, loca. La loca que está sola en el Inframundo y tiene miedo. Loca, sí. Loca. Loca de miedo. Loca de bronca. Loca. 

lunes, 21 de julio de 2014

Soliloquio

Anoche tuve una pesadilla. O un sueño. En principio fue de terror. Porque hubo un sueño adentro del otro, en el que creí que me había despertado a mí misma con ese grito. Había llegado la calma de salir del pánico, pero lo imposible volvía a ocurrir y el horror me ahogaba dos veces. 
Veía una foto de mí. Una foto de Nadia que detrás, tenía otra Nadia. Originalmente, reconocía a la Nadia que estaba al frente: alegre, firme, con una sonrisa fresca. La que aparecía detrás estaba amplificada: orgullosa, desafiante, diabólica su mueca. Yo no la conocía, pero tenía mi cara. Nadie había trucado esa foto. No en el sueño. No en la realidad. Y al momento de obtenida la foto, no había otra Nadia amplificada. Me asusté y me desperté.
Después fui a la casa de mi padre. Comencé a contarle lo que había soñado cuando vi mi reflejo en el televisor apagado. Detrás de la Nadia que hablaba con su padre, se reflejaba una Nadia que no estaba presente en el lugar de reunión. Una piña de susto al medio del pecho. Le grité a mi padre:
- ¡Ahí está! ¡En el televisor! ¡¿No la ves?!
- ¿A dónde?
- ¡En el reflejo! ¡Papá, por favor! ¡Cómo que no la ves! ¡Por favor!
- No hay nada, Nadia. 
- ¡Sacala, sacala! ¡Por favor! ¡Papá, por favor!
La espantaba yo con la mano en la pantalla, como si pudiera hacerla ir. Me estaba temiendo a mí misma. Y la Nadia reflejada, que también me veía, me mostraba los dientes en una sonrisa maliciosa. Sonrisa que decía que no había manera de deshacerse de ella. Justo entonces se hizo claro el telón que separaba lo onírico de lo corporal. Reconocí mi cuerpo y mi voz. Pero, ¿qué Nadia era? ¿La de la sonrisa maldita o la que se moría de pavor? Nadia se gritó para despertar y corrió agitada a abrir las cortinas. Justo ahora que había empezado a dormir con la tele apagada, no había luz salvadora, esa que te deja ver que todo está bien, en orden, en su lugar, lejos de la locura. ¿Está todo realmente lejos de la locura? La gata, la cama, el televisor sin reflejos. Todo en su lugar. También el baño, sus objetos y el agua que lava la cara. ¿Qué Nadia despertó? ¿Qué Nadia se amplifica por detrás de las imágenes? ¿Qué Nadia sigue durmiendo? ¿Y si alguna de ellas fuera Yésica? ¿Esa hija no reconocida que se volvió innombrable? ¿Quién es Yésica?
Yésica es la que estudia, la que trabaja, la que cobra en blanco. A Yésica la pisamos. La enterramos y le quitamos hasta su propio nombre. Nadia la invadió. Ahora es Nadia también la que estudia, trabaja y hace arte. Nadia es la que vive para el aplauso y pide que la reconozcan como tal. Nadia es la que no le cuenta a Nadie que Yésica existe. Yésica vive en una jaula cubierta con telas oscuras. A Yésica no la dejan salir. ¿Cuál es Nadia? ¿Cuál es Yésica? ¿Cuál planea una venganza, asustándose a sí misma cuando cree que ha logrado aniquilar a la anterior? Yésica es quizá la que ríe y dice: "Nadia, vos sabés que Nadia no es Nadie. No existe. No existís". Nadia la escupe y le dice: "La que no existe sos vos. Vos estás en las sombras. A vos Nadie te conoce. Ya no." Yésica ejecuta su palabra letal, porque conoce los miedos de la otra. Le dice: "El acta de defunción va a decir Yésica Leonor."

Nadia se va a morir Yésica. Nadia se va a morir. ¿Y qué será de su reflejo? ¿Para qué vive con miedo si el destino es el mismo? Después una mira a la otra, y ya no se sabe cuál es cuál. Una dice:
- Las dos estamos solas. 
- Las dos estamos rotas. 
- Las dos luchamos fuerte. 
- Las dos queremos lo mismo. 
- No, Yésica. Yo quiero que te mueras. 
- Y yo quiero ser vos, Nadia. 
- Entonces morite, Yésica.  
- Si yo muero te morís vos, Nadia. 

(Silencio. Reflexionan.)

Yésica: Gracias, papá.
Nadia: Gracias, mamá.
Yésica: Gracias, Ley.
Nadia: Dejame tranquila. 
Yésica: Dejame tranquila vos. 
Nadia: Dejá de aparecerte por detrás de mis fotos. 
Yésica: No, si yo no fui. Siempre estoy encerrada. 
Nadia: Entonces, ¿quién fue?

(Silencio. Apagón.)

jueves, 17 de julio de 2014

"Preferiría no hacerlo"...

... decía Bartleby, el escribiente, ese brillante personaje de Melville.

En el subte, una chica recibió una llamada. Atendió y dijo:
- Te juro que estaba pensando en vos. Te iba a llamar pero justo... Me pareció una mierda... Eso está más que claro, boludo... Pero me da bronca, que la mina te agrega y... Odio esas cosas de hombre... Que agregan a la amiga de una mina con la que estuvieron...

En el trabajo, una colega me dijo:
- Me separé. Sí, sí, no daba para más. Es que le encontré un ticket de un telo en el saco. Me dijo que no era de él pero... Bueno, es obvio.
Meses después, la misma colega exclamó:
- ¡Me arreglé! ¡Nos casamos!

Mi pariente preferida no hace mucho me dijo:
- No, yo ya no espero nada de él. A veces no quiero que venga. Arreglamos todo y cuando llega la hora, no tengo ganas. Y me da bronca, porque prefiero hacer cualquier otra cosa, pero le digo que sí. Lo sigo viendo porque no tengo a nadie más. No tengo ganas de conocer a nadie. Si lo dejo a este, me quedo sola. Y de última, prefiero malo conocido que bueno por conocer.

Y yo, yo... Preferiría no hacerlo.


viernes, 18 de abril de 2014

Catupecu Machu Revisited

Creo que de los veinte años que cumple Catupecu Machu en 2014, yo los escucho hace quince. Desde que los conozco, interpreto en sus letras un mensaje de aliento para buscar una vida bien vivida y no quedarse en la mediocridad, entendida como esperar que las cosas te pasen en lugar de ir por ellas.
Ayer escuché "A morir!", salido del horno en 1998, grabado en vivo en Cemento. Letra tras letra, capturaba este mensaje que ya referí. Empecé a atar varias frases: 
Carátula Frontal de Catupecu Machu - A Morir
"Nada sucede si todo te acontece sentado en una silla" (Calavera deforme).
"Te dicen 'siga en lista de espera, alguna vez le va a tocar'" (Testigo criminal).
"Hoy es único y no se repite nunca más. No es malo que no se repita y sea único: lo malo es no intentarlo nunca más" (Cuántos son).
"Vayan y suban los ojos y que suba el fuego hasta donde se pueda y más" (El ritual).
"Vi lo quieto que estaba quieto, tocando el arpa hoy. Despertate, no estás muerto. No esperes, no (¡Dale!).
Pensé "¡Qué cachetazo!". Nos estaban diciendo a todos que la vida es hoy. Desde dos costados diferentes: uno bastante pedante o ególatra, poniéndose como modelo de vida, quizá el único que la banda misma pudiera considerar respetable. Cito: "Yo no espero nada" (Testigo criminal). "Busco mucho más de lo que a veces encuentro pero sigo igual. Busco, no desespero" (Los tres deseos). "Tiro esa pared que me tapa la vista. Voy por donde hay huella y también donde no hay" (El ritual). El otro costado, sumamente alentador. Fernando Ruiz Díaz, compositor, voz y carisma de la banda, atraviesa experiencias y nos las cuenta para que no seamos unos tibios: para que al momento de hablar, no callemos; para que al momento de actuar, no esperemos; para que al momento de vivir, vivamos. Y si nos vamos de mambo, siempre está Todo pasa, todo queda: "Si pido perdón es porque yo considero que no me he portado bien". 
A tal punto he tomado de modo personal estas palabras que, allí por el 2001, cuando fui a mi primer recital en campo, a ver la presentación de Cuentos Decapitados en Obras, yo misma era una tibia. Escuché con atención cuando Fernando me cantó (a todos pero especialmente a mí) Cuántos son y me sentí comprometida a no volver sobre mi huella, taparla y que no brille nunca más. Tomé el coraje para cambiar el curso mediocre de mi falta de decisión y empecé a pegarle a la cara del mutante ante el espejo. Por eso, hasta el día de hoy, agradezco este momento tan fundamental para mi presente. 
Y, llegando velozmente hasta "El mezcal y la cobra" (2011), pienso que la banda pasó más experiencias (algunas, terribles) y también su gente. Y que desde "Dale!" (1997), Catupecu intentó moldear un estilo de fan y ser banda de cabecera de un estilo definido de ser humano: el que va por más. Es probable que varios de los que fueron público en "A morir!" hayan abandonado la manada, considerando que con el correr de los años, Catupecu perdió fuerza, o distorsión en la guitarra, o que la inclusión de las Mac y soniditos modernos representa un estilo de rock suavizado o, justamente, tibiecito. Y hay otros que sentimos, con el corazón y no con la cabeza, que Catupecu sigue representando una postura ante la vida que durante veinte años se mantuvo intacta.
Parafraseo ahora sin contarte de qué letra te hablo: algunos sabemos que son las cruces de un cementerio las que nos hablan y cuentan que estamos acá; encendemos todas las luces y bailamos hasta que alguien cierre el lugar; pintamos lo que no se ve; nos bebemos de a tragos el mundo; esas cosas nuestras que estaban por dormir, quedan despiertas; volvemos de las aguas del llanto y cuanto menos buscamos, todo se va revelando; dejamos que todo comience tal y como no hemos planeado; y, desde el 2000 y para siempre, abrimos el costurero y salimos a descoser. Es solo música o bien es sólo rock and roll, pero me gusta. Pero es música con letra. Es música con empuje. Es una banda que es un ser y que te habla. Lo que Catupecu Machu quiere es que pises sin el suelo.  
Felices dos décadas. Y que vayamos todos por más. 

jueves, 6 de febrero de 2014

Ella(s)

Fui de visita al trabajo de una gran mujer que admiro. Recordamos anécdotas, personas y personajes de cuando éramos asiduas y, mate de por medio, nos pusimos al día sobre nuestros proyectos. Me gusta contar mis logros. Me enorgullecen porque me recuerdan la lucha feroz contra mí misma y contra mis estupideces que pude ganar. Cuento los éxitos más recientes pero en mi mente repaso todos los hechos salientes que me hacen una persona orgullosa de ser quien soy: bajar los tres talles de más que tenía en la secundaria, abandonar a ese primer novio posesivo, comenzar la carrera docente, la soñada independencia, el corazón hecho pedazos que levanté y rearmé con paciencia inconmensurable, los días que pasé imaginando un modo no invasivo de suicidio, etc. Me voy inflando de autoadmiración; me siento bella, libre y digna de la admiración de otro. Hasta que... llega ella. O ellas.
Ella es la hermosa a quien la naturaleza le ha dado favores que a mí no. Ella se esfuerza muy poco por ser quien es y no parecen hacerle falta guerras internas de la envergadura de las mías para ser amada, ni mucho maquillaje, y hasta ni siquiera pensar mucho para confirmarse a sí misma.
Mientras yo charlaba con esta mujer, llegó Mariana. Su nombre, su figura y su talento me son inolvidables. Me saludó como si fuera la primera vez que me veía en su existencia, cuando era en realidad, quizá, la sexta. No le generé impacto alguno. No me registró. Interrumpió la charla y todos los ojos del lugar fueron para ella. Para colmo, nos mostró en su celular la sesión de fotos que había hecho para su book. Yo sentía cómo mi cuerpo, mis victorias y mis gracias descendían en un ranking espiritual hasta hacerse invisibles. Como cuando Sol baila cerca de mí, con su pulposidad y fluidez. Aun si llegara a la clase de danza sin maquillaje y vestida como un vagabundo, la atención caería a sus pies. Como fue cuando Rocío, con su "Rocío tiene ángel" conquistó los corazones de los padres cuyo respeto ni había podido yo conseguir el año anterior, incluso sin amar su profesión o a los niños tanto como yo. Como Mariví, que tiene onda. ¡Onda! Onda dada por la Vida misma, que se pone de manifiesto en ella todo el tiempo, dándole un aura irresistible mientras uno se hinca mentalmente al piso a pedir un centavo de ese encanto. Ellas me reducen a sentirme un grupo de células que todavía tiene que tomar muchas vitaminas para estar a la altura de las circunstancias.
Luego me alejo de ellas y ya no las recuerdo. Voy a los lugares donde yo soy reina. Me quedo en soledad con las impresiones que me dieron. Vuelvo a todos mis éxitos y pienso que no soy tan genial; pero ellas tampoco. Las menosprecio si pienso que nada les cuesta, que no han ganado sus atributos después de grandes esfuerzos. No las conozco, en realidad. Luego, me reconcilio con ellas y conmigo. Las acepto como grieta para ver que no hace falta ser la mejor. O que no se puede ser la mejor. De mis antiguas tardes de terapia rescato que mi psicóloga decía que vivir para ser la mejor era un peso muy grande. Sabiendo que no lo soy ni lo seré, mis demonios de adentro dicen que tiene que haber un modo de perfección alcanzable y que hay que ir por él. Y es así como desconozco lo que es estar en paz.

domingo, 26 de enero de 2014

Un puñado de fracasos

Tengo una confesión: hace unos años, formé parte de un grupo que chateaba todos los días. Cada integrante de este grupo encontraba en la charla anodina e impostergable una razón para despertar. Despertar aparejaba el encendido de la computadora tanto como el desayuno. Ver quién ya estaba online, saludarlo, y no olvidar los debidos respetos al que aún no se había conectado. Yo me sentía, de entre todos ellos, la única persona sin fracasos en la espalda, la única que chateaba con ellos solo por diversión y no a falta de algo mejor que hacer en la vida. Por supuesto, cada uno de nosotros pensaba lo mismo de su propia persona. "Hola Varnak!" y un emoticón de una carota amarillenta saludando con la mano. "Buenas buenas", escribía Haznut. "Hola amigos!", la siempre enternecedora Clarise. Todo un séquito de personas que se caían bien y hallaban entre esos nicknames y avatares a personajes mejores que los que habría de encontrarse en la vida empírica. Teníamos detractores que nos llegaban a ofender de verdad mientras reíamos y aclamábamos a los cielos informáticos que no nos molestaban en absoluto.
Un día nos encontramos cara a cara. Éramos un puñado de personas de las más variadas edades y fisonomías, que cualquiera desde afuera podía sentir confusión al tratar de definir qué clase de experiencia podría habernos unido en la vida. La pasamos muy bien. Tanto que nos encontramos varias veces más. Durante toda aquella luna de miel, jamás consideramos ser un puñado de fracasos que se juntaban a consolarse mutuamente de lo que podría haber sido un proyecto de vida mejor.
Poco tiempo después comenzó a destaparse la mugre. Mugre bajo las uñas, bajo la ropa, en la cabeza. Sin escapar a los escándalos clásicos, comenzamos por lo sentimental: separaciones y luego, engaños. De a poco fuimos consolidando el elenco de una telenovela digna de las 14:00 por Canal 9. Trabajos mal pagos, la insoportable paternidad, matrimonios sin fuego (o soledad incurable) y estudios truncos. Todos nos destacábamos en algún fracaso de esos.
El idilio amistoso duró alrededor de un año. Después, la mugre fue ya imposible de asear.
Cada vez que veo grupos como esos en Facebook o Twitter o en el chat del Scrabble on line, siento pena por ellos. Sé qué son y qué mochila llevan. Porque sé qué fui y qué mochila llevé. Sigo acarreando algunos fracasos, pero otros ya los sorteé. Afirmo mi mochila sobre la espalda y sonrío al sentirla más liviana que entonces.

sábado, 9 de febrero de 2013

El tierno burgués que todos llevamos dentro

Ocurre en ocasiones que siento una enorme preocupación por el negocio o empleo de los demás. Siento enorme empatía por la muchacha que encuesta en el callcenter, deseando que pronto se libere de tan infeliz ocupación. Siento simpatía por los volanteros, siempre que no estén en su juventud, porque creo que son los que, como mis padres, no han tenido oportunidad de apreciar los favores de una carrera y ahora deben realizar tareas que, desde mi visión cultural (me han comentado que, al parecer, para mí la cultura lo es todo) son humillantes.
Pero hay otras ocasiones en que el sentimiento me inunda y obsesiona por días enteros. Pongo este volante como representación de esos momentos, aunque en este caso lo conservé por interesarme el servicio que ofrece. Quisiera contar sobre un volante que me fue entregado por una muchachita en Bialet Massé, provincia de Córdoba. La disposición de sus gráficos a todo color era horizontal. En él se mostraba una esfera hecha de rejas, a la que cualquiera llamaría La Esfera de la Muerte, y la imagen rezaba "Vértigo". Al costado, un ilusionista sostenía una mujer, también en posición horizontal, en el mismísimo aire. El circo promocionado lleva el nombre de Sathany. La primera reacción al leer el nombre fue la risa, ya que lo relacioné con el Diablo. Del reverso, las letras eran azules. Usaron la tipografía de Disney para anunciar que sus shows están al nivel del parque de Miami que los niños tanto anhelan. Afirmaban que en caso de lluvia hay doble función. Y a un costado, como si fuera lo menos importante, recomendaban "No deje de verlo". Me trataban de usted, con sumo respeto. Prometían demasiado. Pretenciosos, me dije, pero guardé el volante.
Vuelta a Buenos Aires, lo encontré en el bolsillo de mi mochila. Aplastado. Sentí que mi trato al volante era una completa falta de respeto a la dedicación que aquel grupo circense había puesto en promocionar su espectáculo. Releí la propuesta y acabé por sentir autodesprecio. ¿Por qué no fui a ver su show? Sin importar el estado del clima, sin importar si eran o no pretenciosos. Decidí abrochar el volante a mi diario íntimo y maldecirme por no haber formado parte de lo que es el Disney argentino. Esos motociclistas que arriesgan su vida, en caso de lluvia, dos veces por día, a quienes nunca conoceré, cuyas virtudes no presencié. Esa mujer flotante que se pone en manos de un mago, cuyo cuerpo jamás veré levitar. Mickey y el Sapo Pepe por tan sólo $39 la platea menor. ¡Los mejores payasos chilenos! ¡Bailarines de malambo! ¡El Péndulo Fantástico! ¡Perdón, Circo Sathany! ¡He subestimado tu gloria y tus esfuerzos! ¡Me burlé de tu nombre y tus atracciones! ¡Cinco mil veces, perdón! Debí haber formado parte de todo tu esplendor. No conlleva un solo gramo de ironía mi comentario. De veras siento asco por haber salteado esta visita obligada, como si se tratara de ir a la costa y no pisar la arena en la playa. Tantos talentos reunidos para recibir aplausos y yo, consumiendo música y tragos en un bar temático, o jugando Tutti Frutti con categorías exóticas en el departamento. Con las cejas entornadas en señal de pedir piedad, escribo estas líneas. ¿Y si fueron muchos los que, al recibir ese volante, subestimaron sus proezas? ¿Y si las funciones contaron con un máximo de 40 espectadores? Jamás podría perdonarme que el circo abandone la actividad por culpa de la necedad de la audiencia.
A veces me sucede también con locales ubicados en calles donde su fracaso es seguro. Paso por su puerta y deseo cruzarla para confirmar mi apoyo. Pero no lo hago. Luego veo el cartel de "liquidación por cierre" y siento una honda pena. Eso da paso al cartel de "se alquila" y presiento la angustia por el emprendedor que lleve su propuesta a ese local y deba, inevitablemente, ver su derrota. Quiero gritar y advertir "¡No es buena zona para un comercio!". Pero nada hago. Y el ciclo se repite ante mi impotencia.
Después miro el cielo y me imagino el espacio sideral y los satélites, y voy más lejos, hasta Plutón, el pobre planetoide desplazado del Sistema Solar, y sé que ni siquiera mis problemas de niña eternamente enamorada del amor son relevantes.

viernes, 27 de abril de 2012

Estoy que me muerdo por contarte que...

...te quiero. Pero no es eso. Es un poco más. Es que te amo. Pero no. No es eso porque otro día amé a alguien y no era así. Bah, no sé lo que es. Me despierto ahora con los labios manchados de sangre dura. Cuando la lavo, veo que lo que pasó es que me mordí mientras dormía. Pienso: si me siento alegre, si digo que tengo todo cuanto quiero, ¿por qué esta tensión? Debe ser el cuerpo cansado, el poco descanso, la cama berreta. Pero no. Es que estoy que me muerdo la lengua por decirte que te adoro. Estoy que me desangro por sacar el secreto del placard. Hace mucho que te quiero. Te quiero desde la época esa en que me querías vos a mí. Hablamos una noche de cosas para hacer juntos. Las terminé haciendo con otros. Igual, no es igual que no seas vos. Y, además, ¿por qué vos? Si sos el más convencional de los mortales, si ya sé que me mentirías, que me plagarías el camino con tus no. Igual, te quiero. Pienso en vos muy fuerte. Siempre. ¿Es nada más la carne? ¿Es, apenas, el cuerpo? ¿Vos pensás fuerte en mí? Arrodillada y desprolija, te confesé que estaba emocionada. No te asustes. Es nada más que te quiero así de fuerte. Bueno, dale, asustate. Si total, sentirse enamorado da terror. Y yo hace mucho que te quiero. Y que no tengo cuanto quiero.


Me faltás vos.

viernes, 23 de marzo de 2012

El click

El cuento que antecede a esta entrada es una porquería. Lo descubrí leyéndolo en voz alta ante mi grupo de escritura. ¡Ante mi grupo de escritura! Volví al ruedo.

Mi profesor y mis compañeros me ayudan a generar historias, a hacer conscientes mis espantos gramaticales, a llenar mi caja de herramientas con personajes, lugares, acciones. Y todo eso me ayuda a llenar mi caja de herramientas del día tras día.

No sucedió nada estrafalario pero llegó el click. Hago click con el mouse y ¡se abren páginas! Esta entrada la escribo mientras fumo, en casa, escuchando a Queen en Grooveshark. ¡Alegría! Hice click.

Un día me levanté esperando un encuentro y me tuvieron cuatro días en vilo. Cuando al fin llegó el mensaje, decía "Perdoná mi desaparición. Me fui a Chascomús con mi exnovia, que ahora volvimos a vernos". Y no me enojé. No me enojé porque me lo dijo y porque no tenía ganas de enojarme. Después me puse a pensar en mis enojos: me enojé con la vecina, con Fibertel, con Arnet, con Telecentro, con mis antiguos empleadores, con mis chongos, con mi papá, con la novia de papá, con Sabrina, con Eliana, con... Ya no estoy enojada. Con nadie.

Desde que no estoy enojada, volví a Todo Tributo. Ahora ensayo coreografías de Britney Spears y de Lady Gaga. Miro The Walking Dead tomando un fernet o comiendo helado. Planeo cambiar las cortinas a un hermoso violeta otoñal. Recibo los "te quiero" de mis alumnos y los devuelvo. Escucho los mismos temas de Michael como si fueran novedad. Y todo, con un nivel de goce que desconocía. Freddy Mercury acá me canta que quiere que le encuentren a alguien a quién amar. Yo lo puse en mi lista de deseos 2012.

Ya la encontré: es Nadia. La amo. Me amo y, afortunadamente, se siente muy bien.

(Epígrafe de la foto: Rick se abraza con el zombie. Nadia se abraza con el monstruo que es la Vida. La imagen como metáfora.)

martes, 7 de febrero de 2012

No lo puedo creer

Estas son líneas desde mi celular.

Increíble.

Ya veré de qué otras felicidades voy a escribir pronto.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Balance 2011: Gratitud

El egocentrismo (o en este caso, homocentrismo) nos hizo alguna vez, como raza, diseñar esquemas para medir el tiempo. El humano no soporta que haya cosas que no puede manejar. Y como no puede manejar el tiempo, le puso una jaula que todos conocemos como calendario. El calendario tiene un principio y un final. Y eso es lo que usamos para empezar ahora con los saludos y buenos augurios para el año que comienza. No es nada el fin de año; es una convención absurda e injustificada. Sólo se justifica, creo yo, en la naturaleza de lo que no podemos controlar.

Hecha esta introducción, quiero expresar mi agrado por este momento. Me gusta sentir que el calendario destruye algo y que, en el mismo acto, da a luz. Este año, que el calendario que yo uso llama 2011, trajo cosas buenas y malas. Y me gusta aprovechar este momento para volver sobre la huella (sin borrarla, Fer Ruiz Díaz) a analizar lo sucedido.

Ahora, por ese deleite que me provocan los rankings, voy a acomodar en una cuenta regresiva lo mejor y lo peor de mi 2011:

LO PEOR

5 – LOS SIGNOS IMPLACABLES DE LA EDAD

Hoy me desperté y me encontré cansada, como si hubiera bailado durante toda la noche. Pasé a la ducha y me encontré más celulitis y estrías en las asentaderas. Ya había estado mirando fotos de tres o cuatro años atrás sólo para darme cuenta de que he crecido. Bueno, no: he envejecido. Tengo 32 años y graves problemas con el paso del tiempo, de nuevo, aquello que no podemos controlar. Me asusta la idea de convertirme en una pendevieja conforme avancen los años. No sé a cuántas cosas seré capaz de someterme para esconder la vergüenza de la vejez: tintura, intervenciones quirúrgicas, más cremas, más ropa adolescente. Sólo pido que cuando vean que se me está yendo la mano, avisen.

4 – LA PARTIDA DE ELIANA A VILLA CARLOS PAZ

Ya sé que mi amistad con mi mejor amiga no termina en esa mudanza. Pero voy a extrañar mucho esa posibilidad de “¿Vamos a tal lugar?”, “Salgo y paso por tu casa”, “Venite a casa, de última no hacemos nada y nos escabiamos acá.” Los rankings que hicimos, los chistes, los tuits, las risas, las cenas, las juntadas, acá o allá. Todo eso deberá esperar más de lo normal y eso me entristece. Además, es de las pocas amigas que tengo en la vida. Elu, mi golpha, ¿quién podría ocupar tu lugar? Nadie; es por eso que nos deseo la amistad más eterna que se pueda tener. Que todo lo que deseás esté en Córdoba y lo encuentres fácilmente. Te quiero con todo y espero que mi deseo se haga realidad.

3 – LA ENFERMEDAD

Me he enfermado muchas veces durante el año, a veces con recaídas demasiado prontas y otras veces, curándome con lentitud. Sin embargo no son mis resfríos y alergias lo que me irritó tanto, sino que le haya tocado a mi abuela Chichí cargar en la espalda (o en el cerebro) una enfermedad degenerativa. Saber que no hay nada qué hacer es una real mierda. Abuelita, te amamos mucho todos y esto nos rompe el corazón. Haremos siempre todo lo que podamos para mejorar tu salud y mantener tu sonrisa.

2 – LOS PROBLEMAS DOMÉSTICOS

El puesto número 1 de mi odio total se lo lleva la falta de Internet. Tener que subir esta entrada en un cyber me genera más náuseas que cualquier otro problema. Saber que la culpa de esto no es mía sino de una vecina hija de mil putas agrega mucha peste. Que mis intentos de resolver la situación sin dramatismo se demoraran tanto me demuestra lo cobarde que soy y cuánto debo aprender a pelear por mis derechos sin violencia. Es difícil, pero seguiré trabajando en resolverlo. Como tengo que resolver también una persiana trabada a la mitad de la ventana, pérdidas de agua en el inodoro y en el aire acondicionado y otras cosas ufa que me harté de tolerar.

1 – LAS CANCELACIONES

Me he inscripto a tres cursos de danza que mi corazón danzaba por llevar a cabo, todos ellos cancelados. No hice a tiempo a anotarme a ningún plan B para poder seguir adelante con mi pasión por las coreografías. Pero esto no fue tan malo como que TODOS los hombres a los que me acerqué este año, en algún momento han cancelado sus encuentros conmigo y en más de una oportunidad. Ya dijera mi querido amigo Rodrigo Ramos: “Una vez, shame on you. Dos veces, shame on me.” También deberé seguir buscando cuál es el error que cometo cuando eligen otra cosa antes que a mí. Creo que la cifra se eleva a veinte cancelaciones en estos doce meses. Me han hecho llorar, malditos. A repensar esto para el 2012, Nadita.


LO MEJOR

5 – APULANTA

Estaba haciendo zapping cuando aún contaba con el deco digital y frené en Euro Channel porque no podía creer el riff que acaba de escuchar. Nunca salió el nombre de la banda, así que me puse a sacarle fotos a la pantalla del televisor. Dieron un video más y noté el logo de la banda en el fondo del escenario: Apulanta. No se trataba de un tema, no, sino de DISCAZOS los que conforman la carrera de esta banda finlandesa. Los conocí con su gran canción “Vauriot”. Me resultaron perfectos en su musicalidad aunque no entiendo ni medio de lo que dicen en sus letras. He aprendido a cantar en finlandés y he sumado mucha música para mi felicidad cotidiana. Brindo por el descubrimiento de Apulanta y por verlos en vivo alguna vez.

4 – LOS RECITALES DE ACÁ Y DE ALLÁ

Bandas muy esperadas como Limp Bizkit o System of a Down. New metal, como también el de Disturbed. Metal de la Vieja Escuela de la mano de Megadeth. Puro pop pasional gracias a mis eternos Backstreet Boys. Alegría local a cargo de la F.A.F., Catupecu Machu y Massacre. Si bien hubo grandes propuestas que dejé pasar (como GN’R o Britney Spears en La Plata), aquellas citas que pude presenciar me colmaron y alegraron enormemente. Buenísimos shows y de bandas geniales. Que el 2012 me traiga más distorsión y discos lindos con giras latinoamericanas.

3 – BUENA ONDA LABORAL

Cuando me echaron del trabajo el año pasado, me fui de esa oficina con la certeza de que era por algo mejor. No me equivoqué. El colegio en el que trabajo ahora se parece muchísimo a la visión de la educación que tengo y el personal que trabaja allí parece verlo de la misma manera. Desde mis paralelas, Daiana y Mariela, hasta los maestros del primer ciclo con quienes compartí más cosas: Diego, Silvia, Adriana, Johanna y Cristina. Los de segundo ciclo mostraron la misma simpatía en todo momento. Llegar a la mañana a la sala de maestros y compartir mates incluso con la vicedirectora me pareció sorprendente, al venir de un lugar con visión pseudofascista y segregadora. Hemos salido de copas, de boliche, de almuerzo, de mateada; laburamos con todo, hombro a hombro, y agradezco la bienvenida. Docentes, directivos, secretarias y personal de maestranza. Ustedes hacen del laburo algo lindo de hacer.

2 – LA MUESTRA DE TEATRO

Tras tres años de concurrir con asistencia casi perfectaa mis clases de teatro con un compromiso enorme, al fin se produjo la muestra de trabajos anual de La Hormiga. Fabi se puso las pilas y nosotros también para poder hacerlo posible. Me prendí a cuanto papel me ofrecieran y terminé teniendo tres personajes. Fui una esposa paranoica, una nadadora independiente y una amante traicionera. A pesar del cierre del grupo al que asistía, fui bienvenida por el equipo de trabajo de los lunes y juntos logramos una muestra dignísima. Gracias Nacho, Charly, Juan, Laurita, Mariana y Luli por un año de lindas escenas, improvisaciones y buenos ratos.

1 – LOS CHICOS

Los chicos, los niños, los pibes. La gran razón por la cual hago lo que hago. Cada vez que los veo sé que elegí bien mi profesión y que no debe haber otro laburo que traiga tanta alegría. Pienso en ustedes y me emociono. Es tan hermoso descubrirlos, lo que habita sus mentes, sus corazoncitos. Estar a cargo de enseñarles contenidos jamás me detuvo de enseñarles a reirse, a compartir lo que son dentro y fuera del colegio, a jugar por jugar. Cuando ustedes están dispuestos a recibirme, me hacen la maestra más feliz del mundo. Y soy una nena de nuevo, tengo la edad de ustedes, y me río y me olvido de la estupidez formal de haber crecido. No entiendo otra forma de enseñar que no sea desde el cariño profundo. No conozco a nadie que haya enseñado exitosamente sin amar a los alumnos o a su tarea. Yo los quiero más a ustedes que a mi profesión. Cada vez que me siento a trabajar es pensando en hacerlos mejores alumnos y personas. Soy su fan, son mis ídolos, los adoro. Los chicos del colegio actual y de los anteriores me han dado muestras impactantes de su cariño y no encuentro más palabras para expresar mi gratitud y contento. Chicos, son todo. Deseo que siempre estemos unidos.


He cometido más errores que aciertos y sentí su peso más fuerte que el año anterior. Fueron muy potentes la soledad y el desaliento. Pero tampoco nunca había sentido tanta gratitud: por ser capaz de ver los errores, que es un buen comienzo. Aún me falta encontrar la sabiduría para saber qué hacer con ellos; por el amor que recibí de algunas personitas, que a pesar de la distancia me hicieron saber que sigo en su corazón y en sus pensamientos; por la apertura de varias personas a recibirme tal como soy, así de torpe con todo; por aquellos aciertos que sí hubo y que quienes los vieron, fueran capaces de marcarlos. Los quiero y les doy las gracias: mamá, papá, Sabri y David, mis abuelas, mis primos Mac, Job y Claudio, los Medina, los Tapia, simplemente por ser mi familia. Los elegiría si me dieran la opción. Elu por siempre y por todo, Seba N. por tanto, Meri, Sami, Rox y su familia, Rodrigo por el metal, Sofi F. por estar siempre, Dani P. por charlas entre puchos y mates, Martín B. por sus sms de “todavía me acuerdo de vos”, Tobi y Seba, Silvia L., Mabel, Nelson, Pame P., las familias de mis alumnos de antes y de ahora, a mis niños todos. Gracias, gracias, gracias.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Extrañarlo todo

Quiero saludar a mi blog, pero me haría sentir medio princesita que escribe el diarito y lo cierra con llave para que nadie vea sus estúpidos secretos acerca del príncipe que le gusta.

Hola, blog.

Extraño mucho escribir en vos. Ir contando las peripecias de esta caca de vida que me tocó este año era una de mis pasiones cotidianas. Recuerdo la delicia de contar cuántas entradas mensuales hacía y cuáles de las pestañas se agrandaban más. Siempre ganaba "hoy". Y ahora la voy a engrosar açun más.

Me urge hacer el balance anual pero lo voy a dejar más para fin de mes. Tengo tanto qué declarar, por ejemplo, que me autoproclamé Miss Cancelación 2011, por la cantidad de veces que los flacos me dejaron de garpe. Como el viaje que me pegué el otro día fumando boludeces sin haber morfado. Como lo mucho que quiero a mis alumnos y los chistes que hacen, sobre todo Facundo, que se lleva mi cariño especial. Como lo boluda que me siento cada vez que vuelvo a sonreir ante los ojos de quien me decepcionó. Como lo mucho que se puso a llover ahora mismo y no entiendo nada. Como el pucho que me estoy fumando mientras tipeo. Como las cosas que veo en los bondis. Como los poemas que anduve escribiéndole a estos tipitos. Como los recitales que estuve viendo (System of a Down, Disturbed, Megadeth, Catupecu Machu) y las ganas que tengo de volverlos crónica. De cómo ahora no hay en el laburo más que las chicas de limpieza y yo, y que me llevo muy bien con ellas. De cómo extraño a amistades que no veo hace rato. De cómo lamento que Elu se vaya a Carlos Paz. De cómo vibro y dejo de vibrar. De cómo Sebastián salva las papas de mi ego rengo. De cómo el mundo sigue dando vueltas y yo sigo queriéndome bajar. De cómo planeo unas vacaciones que seguro no se darán. De cómo me duele la espalda en ese futón malvado que hace las veces de cama desde hace dos años. De cómo no me pude comprar el sommier porque siempre prorizo alguna pelotudez. De cómo no soy ni la prioridad de mi padre. De cómo extraño que me visite mi madre. De cómo mi abuelita se enfermó de esa enfermedad de mierda. De cómo tuiteo y me dejo atravesar por tuits de otros, ayudándome a entender algunos sucesos banales y no tanto. De eso.

No hay imágenes porque bloquearon Google Images acá. No hay crónicas porque la vecindad bloqueó la libertad de elegir empresa de Internet. No hay muchas sonrisas porque no tarda en aparecer lo que las opaque. No hay mucha tristeza porque nada es tan terrible.

lunes, 31 de octubre de 2011

Crisis

Hace un año y pico que voy a terapia para tratar de ponerle un orden al todo revuelto que llevo adentro.
Y fue esta mañana que encontré la palabra para describir mi estado actual: crisis.
Crisis en las comunicaciones. Las cibernéticas y las humanas.
Estoy posteando desde el trabajo porque sigo sin lograr que me puedan instalar Internet en mi casa. Mi tío comentó a mi madre que estoy reaccionando ante esta dificultad como si fuera lo peor que me puede pasar en la vida y, no, no es lo peor, pero para alguien a quien nadie la saluda cuando entra a la casa, tener Internet se me hizo habitual y perder un hábito jode. Un montón.
No estoy encontrando los momentos para compartir la alegría con mis amistades. Lo único que logro compartir son críticas, malas opiniones, disgustos y relatos de cuán mal me va. Aburro. Y porque aburro me aíslo. Y cuando me aíslo, los extraño. Sin embargo, lo único que tengo para compartir ahora es caca.
Le pongo las fichas a algunas personas porque creo que valen algo o que podrían ser dignos de que les dedique todo el amor que tengo saltimbanqueando en mi corazón para dar. Pero son inmaduros, olvidadizos, dormilones, desamorados o están duelando a otra. El problema es tanto mío por poner ganas a cosas sin sentido y tanto del otro por hablar al pedo. No es la primera vez que me quejo de que los tipos hablan al pedo.
Me ponen las fichas personas que, por algún u otro motivo, no pueden conseguir mi amor, ese que tengo todo apretado torpemente acá dentro de mí. El caos que impera en esta casa de concepciones revueltas no los deja entrar. Y claro, pasan los que están en caos y ven por qué ventana se puede entrar. Y pasan a ver. Ninguno pasa a quedarse.
Termino la jornada laboral y no tengo energías. Tengo que ir a teatro y apenas leí el guión de la escena que tengo que pasar por primera vez hoy. Ayer fui a un curso de coreografía que esperé por largo tiempo, y al que elegí por sobre otro que está funcionando bien, y resultó que no había nadie. Se canceló y no me enteré. Esto sólo aumenta mi conclusión nefasta de que no se puede confiar en nadie.
Mi crisis es que ya no tengo ganas de creer. Durante 31 años me convencí a mí misma de que ciertas cosas valían la pena. Estoy en crisis con el mundo porque una grieta se abrió y de pronto pude ver que las cosas son horribles. Huelen bien, saben bien, se ven bien, pero son artilugios, trampas para que uno muerda el anzuelo y lo pesquen las mandíbulas del malestar. O del dolor. O del sufrimiento.
Afortunadamente (una fortuna hay, al menos) no estoy sufriendo. Mi viaje es el de la decepción y la falta de entendimiento. El nopodermiento witoldiano. La pérdida absoluta de la sorpresa y la ilusión de que ciertos sucesos puedan resultar en algo bueno. Y me muero de ganas de cosas buenas.
Dice Seba que estoy eligiendo mal los caminos. Dice Vale que son rachas. Dice Elu que soy demasiado intensa. Dice Catupecu Machu en una de sus últimas canciones un par de frases con las que me siento envuelta y hecha a medida: "y al final camino solo / y aunque dé vueltas, no hay vuelta atrás. / Son las cruces de un cementerio / las que nos hablan y cuentan / que estamos acá"
Estamos acá. Se murieron varias cosas. Esas cosas me dicen quién soy y por qué. Y aunque le busque sentido a mis sinsentidos, no lo voy a encontrar. No se puede resetear. Y, tal como el enfermito social que se siente mejor ante un monitor que ante la vida misma, yo también camino sola.

Y confieso que extraño ver las huellas de un otro amado al lado de las mías.

viernes, 2 de septiembre de 2011

En busca del duende

Estoy enseñando poesía. El valor poético. Metáfora, comparación, personificación, imagen sensorial. En 2do grado. A nenes de 7 años. "Qué quilombo", podría decir cualquiera.

Yo me lo había planteado sin muchas esperanzas.
Para ver si los niños lograban entender cuándo hay poesía en un texto, en una conversación, en la vida, les hablé del duende de Lorca.

Leímos una poesía hoy. "Desafío a la vejez", de Gioconda Belli, nicaragüense ella. Como su nombre lo indica, el poema habla del paso del tiempo, de su inevitabilidad, de su implacabilidad, de su padecimiento y también de su disfrute.

Uno de mis alumnos agachó la cabeza y, conmovido, dijo que el texto le recordaba a su abuelito y a su perro, que habían muerto.

Una de mis alumnas, leyendo una metáfora, alzó la cabeza y, sonriente, dijo que el verso tenía duende.

Gracias, Lorca.

Gracias, Gioconda.

Tienen 7 años mis alumnos.

Gracias, alumnos.

Gracias, Duende.

lunes, 29 de agosto de 2011

Happy birthday, Michael

Remember, Mike?
Every damn year remembering this moment, the moment in which we celebrate you were born to this disgusting world. You know I love it as much as you do, but you know exactly what I mean by disgusting... All those people who make your heart weep, who make your skin crawl with hatred and all those reasons that led you to leave this mayhem.
What decision am I talking about? Well, yeah, no one will ever convince me that you're gone. You're somewhere we don't know about. My nephew says you're in an island. My students say you're having mate in that island. I say you're safe, away from us, away from evil people, away from the flash, with your kids and loved ones. I know you're ok.
That's why I know that, right now, as I write these lines, you're enjoying your birthday. You must be full of water guns planning to crash a cake into someone's face, or lightning the candles just to blow them out. I can see you. I wish I was there. We all wish we were there. With you.
My king of pop, my king of life, I miss you and love you like the first day. You were my first choice in this planet. I chose you as my personal angel one sweet day, being barely 3 years old. I never let you go and I never will. You mean the world to me, and I mean that world that is not disgusting. You are my lovely one. The only man who could never disappoint me. The one who fills every empty space with magic. Your magic continues to be there, it will never disappear.
For this, I will always cherish you and take your legacy everywhere I go. Most of the times I succeed to make people love you. It's very hard not to love you once a person gets to know you, your deepness, the very things you mention in Is It Scary: you're the truth, the purity that lies inside a lonely heart.
Thank you for everything you've given us throughout the years you've spent with us, your unconditional fans. You're religion to us, and we'll never stop loving you. Our love is stronger than a thousand angry tides.
I wish you're having an amazing birthday.
53 years of you. Wow, man!

Long live the King!
I love you, Michael.

domingo, 21 de agosto de 2011

Día del Niño

Hoy me comporté con plena inmadurez.

Fuimos con mi hermana Sabrina, mi sobrino y mi madre a comer al famoso imperio de las hamburguesas. Allí me la pasé despotricando contra la vida humana, grité "¿Qué carajo es un float?" y la mujer delante de nosotros en la cola se reía de mis estupideces.

Luego entramos al mega centro de construcción y remodelación del hogar, y como siempre me pareció aburrido, decidí hacerlo divertido. Hacíamos de cuenta que estábamos ante el espejo Sabrina y yo, comunicándonos desde la pseudo ventana de los toilettes exhibidos. Nos dimos duchazos imaginarios detrás de las mamparas. Nos sentamos en los inodoros. Mi sobrino hizo mímica de orinar.

Me agaché para ver precios y modelos de cortinas de baño mientras mi sobrino me tiraba de la manga. Podía no caer al piso en su empujón, pero quise estrellarme. Y me estrellé tres veces delante del resto de los clientes, mientras mi sobrino seguía tironeando, se reía divertido, y yo más.

Vimos cómo un hombre fracasaba en su intento de ganarse un muñeco gigante en una de esas cárceles que los contiene, con esa garra salvadora que apenas los peina y los deja prisioneros para siempre. Me burlé tanto de su mala suerte que, otra vez, una mujer delante de nosotras, se dio vuelta para compartir la risa.

Hoy compartí la risa. No lo hago muy a menudo. Me siento mucho más a gusto compartiendo el desprecio. Pero hoy encontré la manera de que el desprecio fuera motivo de gracia. Y después, de tanta risa, se me fueron las ganas de despreciar. Y las ganas de reírme se me quedaron. Y me olvidé de la compostura, el personaje social y toda esa boludez de quedar bien ante los otros. Hoy me reí como una niña. Sabrina se rió como una niña. Nuestra madre se rió como una niña. Y mi sobrino, que aún es un niño, se rió como corresponde. Que es, paradójicamente, como no corresponde: a pata suelta y con mucho ruido.

jueves, 18 de agosto de 2011

161º aniversario de inmortalidad

En el trabajo, me tocó hacerme cargo del acto en conmemoración a la muerte de José Francisco de San Martín. Mi sentido homenaje salió más que hermoso y lo que quiero compartir es el discurso que escribí y leí con pasión.

Hoy, 17 de agosto, se cumplen 161 años de la muerte de José Francisco de San Martín. Pero hay otra manera de conmemorar esta fecha: podemos decir que pasaron 161 años desde que el Gral. San Martín pasó a la inmortalidad. Sí, era humano, un mortal como todos nosotros, pero hay muchas razones para considerar a este hombre como inmortal.

La inmortalidad de Don José está en su crianza, cuando jugaba con los guaraníes sin discriminar a ningún niño que quisiera jugar con él. Está en su coraje ante los ejércitos de Napoleón, cuando era un chico de 12 años, ganando condecoraciones por su desempeño. Está en su inteligencia, cuando gastó horas y horas de su vida pensando en el mejor modo de vencer a los realistas en toda Latinoamérica. Está en su osadía, cuando desafió a las montañas, al frío, a la nieve, a la adversidad, y en menos de un mes estuvo del otro lado de la cordillera de Los Andes. Está en su humildad, cuando rechazó los cargos que le ofrecían por sus hazañas. Está en su perseverancia, cuando todo apuntaba al desaliento y su temple inspiró a hombres y mujeres. Está en su visión, cuando soñó con una América libre y demostró cómo lograrlo.

La libertad. Qué sueño tan hermoso. Comenzó a gestarse en 1810, gracias a los ideales de los revolucionarios, y continuó hasta convertirse en una misión de vida o muerte para el Gral. San Martín. Ni bien supo que las Provincias Unidas del Sur habían destituído al Virrey Cisneros, decidió abandonar los ejércitos españoles para unirse a la emancipación. Pero los sueños grandes como la libertad de nuestra nación eran chicos para él. Él tuvo sueños enormes. Y propuso como meta aquello que muchos temían tanto: la libertad más absoluta del yugo español. ¡Qué miedo da la libertad! Ser libre es ser centinela del propio destino; es responsabilizarse de las decisiones que se toman. Ya no hay otro responsable de lo que nos pasa cuando somos libres, excepto nosotros. ¡Qué responsabilidad ser libre! ¡Qué presión ser libre! Allí donde los gobernantes flaquearon, Don José actuó. Allí donde la esperanza de los pueblos se hundía en el mar, Don José sacó a flote la victoria. Allí donde hubo temor, Don José instaló la responsabilidad. Allí donde hubo ambición monetaria, Don José puso hambre de gloria. Qué afortunado ha sido el mundo al tener un hombre sin miedo, sin corrupción, sin falsos discursos, sin límites a la hora de enaltecer la independencia de Latinoamérica.

Son muchos los años que pasaron desde sus proezas, pero San Martín no es un héroe cuyos valores sean antiguos. Evitar la discriminación, tener coraje, entrenar la inteligencia, atreverse a más, despreciar el lujo, intentar hasta lo imposible, son actitudes que todos podemos tener ante la vida. No hace falta ser un granadero, ni es necesario montarse a un caballo. Ni siquiera se precisa doctrina militar. Sólo es necesario vencer las cordilleras que llevamos dentro, esas que nos separan de nuestros sueños más profundos. Ser inmortal es imitar un poco la vida de Don José, y así ser recordado por nuestro valor y nuestros principios. Es tan fácil (o tan difícil y desafiante) como decidirlo y llevarlo a cabo.

domingo, 24 de julio de 2011

Beetlejuice (un sueño)

Si vos llamás tres veces a Beetlejuice, ¿qué pasa? ¡Aparece! ¡Claro que sí!

Si te pasás una semana seguida escribiendo una novela sobre tu ex, ¿qué pasa? No, no aparece porque no es Beetlejuice. El mundo de la mente es muy intrincado pero también básico.

Soñé con él.

Desperté, lo invoqué, lloré y lo maldije.

Quise acercarme a la computadora para mantener fresco el sueño. Dormir fue más fuerte. Haré el intento ahora mismo.


El actor incógnito

Los compañeros de teatro y yo íbamos a ver una obrita recomendada a un teatrito pequeño. Era todo risas hasta que P lo mencionó. P es amigo de él y lo sigue viendo aunque él ya no venga a clase. Cuando él lo menciona suelo taparme los oídos y contar hasta 50. Es la clase de cosas que hace que la gente crea que estoy loca. Sólo me protejo de sufrir mucho. Pero no me tapé los oídos esa vez, no. Me puse a charlar animadamente con otros, incapaz de concentrarme en la conversación, teniendo presente solamente el hecho de que debía tapar las voces de los demás.

Poco después las luces descendieron su brillo y los actores salieron a escena. Eran dos actrices. Con las luces aún mortecinas comenzaron a conversar. No se apreciaba escenografía alguna. Eran ellas, conversando, de pie, dando inicio a la obra teatral. En su conversación aparecía el nombre de un hombre. Ni bien lo mencionaban, el hombre aparecía en escena. Las luces dejaban de ser tan tenues y se podía ver con claridad a los tres actores. Eran dos chicas y él. Él. Era el hombre que más amé en la vida. Era el hombre de quien trato de no saber nada. Era el hombre que me cerró las puertas a compartir la vida juntos. Escuché su voz. De pronto, todos los recuerdos eran presente. Su voz llegó a mis oídos y entonces todo lo que yo de él había tenido se volvió más fuerte que nada. El tacto de sus manos, su beso en mi boca, su mirada en mis ojos. Aquello que día a día se pierde y me libera del dolor fue recuperado de inmediato. Toda la angustia estaba de pronto entre mis manos, sangrante.

Me puse de pie en un santiamén y huí sin rumbo fijo de aquel teatro. Odiaba a P por ocultar el hecho de que él, mi gran amado, actuaba en aquella obra. Pero estando en la puerta, presionando las manos contra mis costillas como para devolver todas las heridas a su lugar de origen, di vuelta la espalda y vi el cartel promocional de la obra. Cubierto por unos graffitis, estaba su nombre. Se veían unas pocas letras en verde fluorescente. Pero yo sabía perfectamente cómo se completaba ese nombre.

(Imagen by Sofía Forciniti)

jueves, 7 de julio de 2011

¿Sabrá tu novia que escuchamos BsB?

Subo al 67 casi inmediatamente después de un rápido viaje en 44. Dejo la música apagada en mi celular, porque ya me vi demasiado apasionada en el viaje anterior. La gente me mira cuando hago eso. Es incómodo.

Él se subió en Cabildo y Juramento, literalmente, porque el bondi se pasó de la parada, pero igual se detuvo ante su mano. Lo oí decir gracias y pedir el importe. Lo observé: flaco, barbudo de barba renegrida, joven, campera a cuadritos Príncipe de Gales, auriculares en las orejas. Tenía ganas de preguntarle qué estaba escuchando, y se me ocurrió que lo mejor que podía hacer era desear fuerte que se sentara al lado mío. Empezó el camino por el pasillo del 67 y casi eligió el lugar para discapacitados, ahí, frente a la puerta central. Pero divisó todos los espacios vacíos en el fondo y mi deseo se hizo realidad.

Se acomodó a un asiento de distancia, contra la ventanilla izquierda. Miré el color de sus auriculares: blanco. La música no provenía de su celular, porque lo tenía en mano y sin cables. Provenía de un aparato en su bolsillo, seguramente un i-pod. Jugaba con su celular mientras llegaba a mis oídos su selección musical. Era algo por demás conocido. Amado. Ese sonido pop de finales de los '90. Sí, yo los reconozco al instante. Son mis chicos. Sí, ese barbudo de barba renegrida estaba escuchando Backstreet Boys. Estaba escuchando "Larger Than Life", aquel éxito dedicado a las fans que abre el disco "Millennium", de 1999.

A partir de que él estuviera escuchando música que amo, se gestó entre él y yo un momento íntimo del que quizá él no tuviera registro alguno. ¿Se estaría dando cuenta de cómo tarareaba yo, y de cómo repasaba mentalmente la coreografía? ¿Sabría él que yo veía a Brian, Nick, Howie, A.J. y Kevin vestidos en cuero negro, bailando en una nave espacial de cotillón? ¿Supondría él que en mi movimiento de labios estaban las letras que coreé una y mil veces en casa, en la calle, en recitales?

Al pasar por Olázabal y Crámer, comenzó "I'll Never Break Your Heart", lento creado con el solo fin de conquistar corazones débiles. Seguramente, el corazón del impasivo barbudo era frágil. ¿Qué hombre que se llama a sí mismo rudo puede estar escuchando Backstreet Boys en su etapa romaticoide naif? Pero a mitad de canción la cambió por "The Call". The Call es, actualmente, mi ringtone. Quería que alguien me llamara, como para hacerle entender que estábamos compartiendo ese momento tan privado: privado de palabras que aclararan que se estaba compartiendo un momento; privado de la comunicación que aclarara que entre él y yo había una pasión oculta, enorme, y que cinco expibes nos estaban uniendo a través de melosidades. Quería preguntarle si había ido al Luna, si los escuchaba para entender algo de alguna mina, o si realmente le gustaban al punto de ser tan buen cantante como ellos, o ser tan puto como algunos bailarines que bailan tan genial.

A la altura de Balbín y Núñez, se subió al 67 una pasajera. Noté su presencia, la vi sonreir con sus ojos apuntando al fondo del colectivo. El barbudo apagó la música, dejando los auriculares a un lado, junto con su campera Príncipe de Gales. La chica se acercó a él y lo besó en los labios. ¡La novia! ¡¡¡La novia!!!

¿Sabría ella que yo acababa de intimar musicalmente con su novio? ¿Sabrá ella que su novio escucha Backstreet Boys? ¿Sabrá su novia que escuchamos BsB?

Me bajé del 67 con la certeza de que los Backstreet unen personas. Aunque una de las partes ni se de cuenta. Y que es divertido que una situación leogarcística me haya sucedido esta noche.