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viernes, 18 de abril de 2014

Catupecu Machu Revisited

Creo que de los veinte años que cumple Catupecu Machu en 2014, yo los escucho hace quince. Desde que los conozco, interpreto en sus letras un mensaje de aliento para buscar una vida bien vivida y no quedarse en la mediocridad, entendida como esperar que las cosas te pasen en lugar de ir por ellas.
Ayer escuché "A morir!", salido del horno en 1998, grabado en vivo en Cemento. Letra tras letra, capturaba este mensaje que ya referí. Empecé a atar varias frases: 
Carátula Frontal de Catupecu Machu - A Morir
"Nada sucede si todo te acontece sentado en una silla" (Calavera deforme).
"Te dicen 'siga en lista de espera, alguna vez le va a tocar'" (Testigo criminal).
"Hoy es único y no se repite nunca más. No es malo que no se repita y sea único: lo malo es no intentarlo nunca más" (Cuántos son).
"Vayan y suban los ojos y que suba el fuego hasta donde se pueda y más" (El ritual).
"Vi lo quieto que estaba quieto, tocando el arpa hoy. Despertate, no estás muerto. No esperes, no (¡Dale!).
Pensé "¡Qué cachetazo!". Nos estaban diciendo a todos que la vida es hoy. Desde dos costados diferentes: uno bastante pedante o ególatra, poniéndose como modelo de vida, quizá el único que la banda misma pudiera considerar respetable. Cito: "Yo no espero nada" (Testigo criminal). "Busco mucho más de lo que a veces encuentro pero sigo igual. Busco, no desespero" (Los tres deseos). "Tiro esa pared que me tapa la vista. Voy por donde hay huella y también donde no hay" (El ritual). El otro costado, sumamente alentador. Fernando Ruiz Díaz, compositor, voz y carisma de la banda, atraviesa experiencias y nos las cuenta para que no seamos unos tibios: para que al momento de hablar, no callemos; para que al momento de actuar, no esperemos; para que al momento de vivir, vivamos. Y si nos vamos de mambo, siempre está Todo pasa, todo queda: "Si pido perdón es porque yo considero que no me he portado bien". 
A tal punto he tomado de modo personal estas palabras que, allí por el 2001, cuando fui a mi primer recital en campo, a ver la presentación de Cuentos Decapitados en Obras, yo misma era una tibia. Escuché con atención cuando Fernando me cantó (a todos pero especialmente a mí) Cuántos son y me sentí comprometida a no volver sobre mi huella, taparla y que no brille nunca más. Tomé el coraje para cambiar el curso mediocre de mi falta de decisión y empecé a pegarle a la cara del mutante ante el espejo. Por eso, hasta el día de hoy, agradezco este momento tan fundamental para mi presente. 
Y, llegando velozmente hasta "El mezcal y la cobra" (2011), pienso que la banda pasó más experiencias (algunas, terribles) y también su gente. Y que desde "Dale!" (1997), Catupecu intentó moldear un estilo de fan y ser banda de cabecera de un estilo definido de ser humano: el que va por más. Es probable que varios de los que fueron público en "A morir!" hayan abandonado la manada, considerando que con el correr de los años, Catupecu perdió fuerza, o distorsión en la guitarra, o que la inclusión de las Mac y soniditos modernos representa un estilo de rock suavizado o, justamente, tibiecito. Y hay otros que sentimos, con el corazón y no con la cabeza, que Catupecu sigue representando una postura ante la vida que durante veinte años se mantuvo intacta.
Parafraseo ahora sin contarte de qué letra te hablo: algunos sabemos que son las cruces de un cementerio las que nos hablan y cuentan que estamos acá; encendemos todas las luces y bailamos hasta que alguien cierre el lugar; pintamos lo que no se ve; nos bebemos de a tragos el mundo; esas cosas nuestras que estaban por dormir, quedan despiertas; volvemos de las aguas del llanto y cuanto menos buscamos, todo se va revelando; dejamos que todo comience tal y como no hemos planeado; y, desde el 2000 y para siempre, abrimos el costurero y salimos a descoser. Es solo música o bien es sólo rock and roll, pero me gusta. Pero es música con letra. Es música con empuje. Es una banda que es un ser y que te habla. Lo que Catupecu Machu quiere es que pises sin el suelo.  
Felices dos décadas. Y que vayamos todos por más. 

domingo, 26 de enero de 2014

Un puñado de fracasos

Tengo una confesión: hace unos años, formé parte de un grupo que chateaba todos los días. Cada integrante de este grupo encontraba en la charla anodina e impostergable una razón para despertar. Despertar aparejaba el encendido de la computadora tanto como el desayuno. Ver quién ya estaba online, saludarlo, y no olvidar los debidos respetos al que aún no se había conectado. Yo me sentía, de entre todos ellos, la única persona sin fracasos en la espalda, la única que chateaba con ellos solo por diversión y no a falta de algo mejor que hacer en la vida. Por supuesto, cada uno de nosotros pensaba lo mismo de su propia persona. "Hola Varnak!" y un emoticón de una carota amarillenta saludando con la mano. "Buenas buenas", escribía Haznut. "Hola amigos!", la siempre enternecedora Clarise. Todo un séquito de personas que se caían bien y hallaban entre esos nicknames y avatares a personajes mejores que los que habría de encontrarse en la vida empírica. Teníamos detractores que nos llegaban a ofender de verdad mientras reíamos y aclamábamos a los cielos informáticos que no nos molestaban en absoluto.
Un día nos encontramos cara a cara. Éramos un puñado de personas de las más variadas edades y fisonomías, que cualquiera desde afuera podía sentir confusión al tratar de definir qué clase de experiencia podría habernos unido en la vida. La pasamos muy bien. Tanto que nos encontramos varias veces más. Durante toda aquella luna de miel, jamás consideramos ser un puñado de fracasos que se juntaban a consolarse mutuamente de lo que podría haber sido un proyecto de vida mejor.
Poco tiempo después comenzó a destaparse la mugre. Mugre bajo las uñas, bajo la ropa, en la cabeza. Sin escapar a los escándalos clásicos, comenzamos por lo sentimental: separaciones y luego, engaños. De a poco fuimos consolidando el elenco de una telenovela digna de las 14:00 por Canal 9. Trabajos mal pagos, la insoportable paternidad, matrimonios sin fuego (o soledad incurable) y estudios truncos. Todos nos destacábamos en algún fracaso de esos.
El idilio amistoso duró alrededor de un año. Después, la mugre fue ya imposible de asear.
Cada vez que veo grupos como esos en Facebook o Twitter o en el chat del Scrabble on line, siento pena por ellos. Sé qué son y qué mochila llevan. Porque sé qué fui y qué mochila llevé. Sigo acarreando algunos fracasos, pero otros ya los sorteé. Afirmo mi mochila sobre la espalda y sonrío al sentirla más liviana que entonces.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Balance 2011: Gratitud

El egocentrismo (o en este caso, homocentrismo) nos hizo alguna vez, como raza, diseñar esquemas para medir el tiempo. El humano no soporta que haya cosas que no puede manejar. Y como no puede manejar el tiempo, le puso una jaula que todos conocemos como calendario. El calendario tiene un principio y un final. Y eso es lo que usamos para empezar ahora con los saludos y buenos augurios para el año que comienza. No es nada el fin de año; es una convención absurda e injustificada. Sólo se justifica, creo yo, en la naturaleza de lo que no podemos controlar.

Hecha esta introducción, quiero expresar mi agrado por este momento. Me gusta sentir que el calendario destruye algo y que, en el mismo acto, da a luz. Este año, que el calendario que yo uso llama 2011, trajo cosas buenas y malas. Y me gusta aprovechar este momento para volver sobre la huella (sin borrarla, Fer Ruiz Díaz) a analizar lo sucedido.

Ahora, por ese deleite que me provocan los rankings, voy a acomodar en una cuenta regresiva lo mejor y lo peor de mi 2011:

LO PEOR

5 – LOS SIGNOS IMPLACABLES DE LA EDAD

Hoy me desperté y me encontré cansada, como si hubiera bailado durante toda la noche. Pasé a la ducha y me encontré más celulitis y estrías en las asentaderas. Ya había estado mirando fotos de tres o cuatro años atrás sólo para darme cuenta de que he crecido. Bueno, no: he envejecido. Tengo 32 años y graves problemas con el paso del tiempo, de nuevo, aquello que no podemos controlar. Me asusta la idea de convertirme en una pendevieja conforme avancen los años. No sé a cuántas cosas seré capaz de someterme para esconder la vergüenza de la vejez: tintura, intervenciones quirúrgicas, más cremas, más ropa adolescente. Sólo pido que cuando vean que se me está yendo la mano, avisen.

4 – LA PARTIDA DE ELIANA A VILLA CARLOS PAZ

Ya sé que mi amistad con mi mejor amiga no termina en esa mudanza. Pero voy a extrañar mucho esa posibilidad de “¿Vamos a tal lugar?”, “Salgo y paso por tu casa”, “Venite a casa, de última no hacemos nada y nos escabiamos acá.” Los rankings que hicimos, los chistes, los tuits, las risas, las cenas, las juntadas, acá o allá. Todo eso deberá esperar más de lo normal y eso me entristece. Además, es de las pocas amigas que tengo en la vida. Elu, mi golpha, ¿quién podría ocupar tu lugar? Nadie; es por eso que nos deseo la amistad más eterna que se pueda tener. Que todo lo que deseás esté en Córdoba y lo encuentres fácilmente. Te quiero con todo y espero que mi deseo se haga realidad.

3 – LA ENFERMEDAD

Me he enfermado muchas veces durante el año, a veces con recaídas demasiado prontas y otras veces, curándome con lentitud. Sin embargo no son mis resfríos y alergias lo que me irritó tanto, sino que le haya tocado a mi abuela Chichí cargar en la espalda (o en el cerebro) una enfermedad degenerativa. Saber que no hay nada qué hacer es una real mierda. Abuelita, te amamos mucho todos y esto nos rompe el corazón. Haremos siempre todo lo que podamos para mejorar tu salud y mantener tu sonrisa.

2 – LOS PROBLEMAS DOMÉSTICOS

El puesto número 1 de mi odio total se lo lleva la falta de Internet. Tener que subir esta entrada en un cyber me genera más náuseas que cualquier otro problema. Saber que la culpa de esto no es mía sino de una vecina hija de mil putas agrega mucha peste. Que mis intentos de resolver la situación sin dramatismo se demoraran tanto me demuestra lo cobarde que soy y cuánto debo aprender a pelear por mis derechos sin violencia. Es difícil, pero seguiré trabajando en resolverlo. Como tengo que resolver también una persiana trabada a la mitad de la ventana, pérdidas de agua en el inodoro y en el aire acondicionado y otras cosas ufa que me harté de tolerar.

1 – LAS CANCELACIONES

Me he inscripto a tres cursos de danza que mi corazón danzaba por llevar a cabo, todos ellos cancelados. No hice a tiempo a anotarme a ningún plan B para poder seguir adelante con mi pasión por las coreografías. Pero esto no fue tan malo como que TODOS los hombres a los que me acerqué este año, en algún momento han cancelado sus encuentros conmigo y en más de una oportunidad. Ya dijera mi querido amigo Rodrigo Ramos: “Una vez, shame on you. Dos veces, shame on me.” También deberé seguir buscando cuál es el error que cometo cuando eligen otra cosa antes que a mí. Creo que la cifra se eleva a veinte cancelaciones en estos doce meses. Me han hecho llorar, malditos. A repensar esto para el 2012, Nadita.


LO MEJOR

5 – APULANTA

Estaba haciendo zapping cuando aún contaba con el deco digital y frené en Euro Channel porque no podía creer el riff que acaba de escuchar. Nunca salió el nombre de la banda, así que me puse a sacarle fotos a la pantalla del televisor. Dieron un video más y noté el logo de la banda en el fondo del escenario: Apulanta. No se trataba de un tema, no, sino de DISCAZOS los que conforman la carrera de esta banda finlandesa. Los conocí con su gran canción “Vauriot”. Me resultaron perfectos en su musicalidad aunque no entiendo ni medio de lo que dicen en sus letras. He aprendido a cantar en finlandés y he sumado mucha música para mi felicidad cotidiana. Brindo por el descubrimiento de Apulanta y por verlos en vivo alguna vez.

4 – LOS RECITALES DE ACÁ Y DE ALLÁ

Bandas muy esperadas como Limp Bizkit o System of a Down. New metal, como también el de Disturbed. Metal de la Vieja Escuela de la mano de Megadeth. Puro pop pasional gracias a mis eternos Backstreet Boys. Alegría local a cargo de la F.A.F., Catupecu Machu y Massacre. Si bien hubo grandes propuestas que dejé pasar (como GN’R o Britney Spears en La Plata), aquellas citas que pude presenciar me colmaron y alegraron enormemente. Buenísimos shows y de bandas geniales. Que el 2012 me traiga más distorsión y discos lindos con giras latinoamericanas.

3 – BUENA ONDA LABORAL

Cuando me echaron del trabajo el año pasado, me fui de esa oficina con la certeza de que era por algo mejor. No me equivoqué. El colegio en el que trabajo ahora se parece muchísimo a la visión de la educación que tengo y el personal que trabaja allí parece verlo de la misma manera. Desde mis paralelas, Daiana y Mariela, hasta los maestros del primer ciclo con quienes compartí más cosas: Diego, Silvia, Adriana, Johanna y Cristina. Los de segundo ciclo mostraron la misma simpatía en todo momento. Llegar a la mañana a la sala de maestros y compartir mates incluso con la vicedirectora me pareció sorprendente, al venir de un lugar con visión pseudofascista y segregadora. Hemos salido de copas, de boliche, de almuerzo, de mateada; laburamos con todo, hombro a hombro, y agradezco la bienvenida. Docentes, directivos, secretarias y personal de maestranza. Ustedes hacen del laburo algo lindo de hacer.

2 – LA MUESTRA DE TEATRO

Tras tres años de concurrir con asistencia casi perfectaa mis clases de teatro con un compromiso enorme, al fin se produjo la muestra de trabajos anual de La Hormiga. Fabi se puso las pilas y nosotros también para poder hacerlo posible. Me prendí a cuanto papel me ofrecieran y terminé teniendo tres personajes. Fui una esposa paranoica, una nadadora independiente y una amante traicionera. A pesar del cierre del grupo al que asistía, fui bienvenida por el equipo de trabajo de los lunes y juntos logramos una muestra dignísima. Gracias Nacho, Charly, Juan, Laurita, Mariana y Luli por un año de lindas escenas, improvisaciones y buenos ratos.

1 – LOS CHICOS

Los chicos, los niños, los pibes. La gran razón por la cual hago lo que hago. Cada vez que los veo sé que elegí bien mi profesión y que no debe haber otro laburo que traiga tanta alegría. Pienso en ustedes y me emociono. Es tan hermoso descubrirlos, lo que habita sus mentes, sus corazoncitos. Estar a cargo de enseñarles contenidos jamás me detuvo de enseñarles a reirse, a compartir lo que son dentro y fuera del colegio, a jugar por jugar. Cuando ustedes están dispuestos a recibirme, me hacen la maestra más feliz del mundo. Y soy una nena de nuevo, tengo la edad de ustedes, y me río y me olvido de la estupidez formal de haber crecido. No entiendo otra forma de enseñar que no sea desde el cariño profundo. No conozco a nadie que haya enseñado exitosamente sin amar a los alumnos o a su tarea. Yo los quiero más a ustedes que a mi profesión. Cada vez que me siento a trabajar es pensando en hacerlos mejores alumnos y personas. Soy su fan, son mis ídolos, los adoro. Los chicos del colegio actual y de los anteriores me han dado muestras impactantes de su cariño y no encuentro más palabras para expresar mi gratitud y contento. Chicos, son todo. Deseo que siempre estemos unidos.


He cometido más errores que aciertos y sentí su peso más fuerte que el año anterior. Fueron muy potentes la soledad y el desaliento. Pero tampoco nunca había sentido tanta gratitud: por ser capaz de ver los errores, que es un buen comienzo. Aún me falta encontrar la sabiduría para saber qué hacer con ellos; por el amor que recibí de algunas personitas, que a pesar de la distancia me hicieron saber que sigo en su corazón y en sus pensamientos; por la apertura de varias personas a recibirme tal como soy, así de torpe con todo; por aquellos aciertos que sí hubo y que quienes los vieron, fueran capaces de marcarlos. Los quiero y les doy las gracias: mamá, papá, Sabri y David, mis abuelas, mis primos Mac, Job y Claudio, los Medina, los Tapia, simplemente por ser mi familia. Los elegiría si me dieran la opción. Elu por siempre y por todo, Seba N. por tanto, Meri, Sami, Rox y su familia, Rodrigo por el metal, Sofi F. por estar siempre, Dani P. por charlas entre puchos y mates, Martín B. por sus sms de “todavía me acuerdo de vos”, Tobi y Seba, Silvia L., Mabel, Nelson, Pame P., las familias de mis alumnos de antes y de ahora, a mis niños todos. Gracias, gracias, gracias.

viernes, 29 de julio de 2011

Saudade cibernética


Los treintañeros estamos aprovechando las redes sociales y los grandes sitios de Internet para desparramar nuestros recuerdos de la infancia. Fuimos niños en los '80: sin canales que pasen cosas para nosotros por 24 horas, sin consolas de video juego que imitaran la realidad, sin celulares, sin cámara digital, sin msn, sin formas efectivísimamente veloces de comunicarnos unos con otros.

Crecimos con revistas que desplegaban súper pósters en su página central, con películas de miedo que mostraban una truchez desopilante en los efectos pero que no nos dejaban pegar un ojo esa noche, con juguetes ambicionados, con la Commodore y los juegos que tardaban media hora en cargarse, con una sola hora semanal de videos de música en Rock & Pepsi, con dibujitos animados que salían a las 11 de la mañana o a las 5 de la tarde, con mucha amistad de carne y hueso, jugando en las veredas hasta que se ocultara el sol, con bicicletas, con miedo a que los Pitufos fueran satánicos, con la espera del álbum de Michael que siguiera a Thriller, coleccionando papel carta las nenas, fascinación por He-Man los nenes, cartitas, Basuritas, Freddy Kruger, Chucky, Miki Moko, Tiki Taka, Erasure, una Madonna de pelo corto, Loco Mía, cines donde hoy hay templos, Pumper Nic, Roger Rabbit, Los Goonies, Carlitos Balá, Flavia y La Ola Verde, hasta espiábamos el show del Negro Olmedo, el de Berugo Carámbula y el de Héctor Larrea.

Fueron 10, 12 años de felicidad.

La infancia de cada uno de nosotros es irrepetible.

Deseo que todos hayan tenido una tan feliz como la mía.

jueves, 21 de julio de 2011

Celebraciones

Ayer fue el Día del Amigo. Este festejo surge de la llegada del hombre a la Luna. Que no llegó aquel día de aquel año, que no recuerdo cuál era. Supongamos que ahora sí, que la NASA ya les ha permitido esto. No importa. Lo de pisar la Luna no es algo que vaya a comprobar personalmente. Además, a mí la Luna me da miedo. Cuando está llena y bajita, me da como un golpe en el medio del pecho y no la puedo mirar.
En este día, no llamo a nadie ni espero que nadie me llame. Creo tener tres amigas, y dos de ellas son familiares. Igual, como sorpresa agradable, se han comunicado personas que no creí que serían capaces de escribirme un mensaje de texto dedicado especialmente. ¿Cuán vomitivo es el mensaje que sale igualito para 20 usuarios diferentes?
Me genera rechazo el Día del Amigo. Lo que genera rechazo invita a pensar en los motivos. ¿Es porque no pego una buena y larga relación con nadie? ¿Es porque siempre, a la vuelta de la esquina, nos espera la decepción, la traición, la dejadez? ¿Qué esperar y que no esperar de los amigos? ¿Quiénes pueden ser llamados amigos? ¿Qué hecho trascendental entre dos personas hace que puedan llamarse así?
Creo tener amigos. Creo saber qué hacer y qué no hacer para mantenerlos. Pero apenas lo creo. Apenas lo creo.

sábado, 28 de mayo de 2011

"No hay hechos, sólo interpretaciones"

Gracias a Fede, por ayudarme a entender lo que están haciendo algunas personas que me rodean. En realidad, debería decir "algunas personas que interpreto que me rodean".

Porque dicen que estarán ahí, y al voltear la espalda, no están.

Uno de mis serios problemas es mi alto nivel de credulidad, de tomar la palabra del otro otorgándole el valor que le doy yo a la mía. No me gusta hablar al pedo. Prefiero decir "no sé si lo haré" a decir "sí lo haré" y luego no estar.

Muchas de las personas que me rodean no tienen problemas con pulverizar su propia palabra.

Si me dicen que vienen, preparo la casa y los espero. Pero no vienen.
Si me dicen que nos encontraremos en algún lugar, me baño, me visto linda, me maquillo y salgo para allá. Pero no nos vemos.
Si me dicen que tienen algo para mí, interpreto que en ese momento me lo darán o en los días venideros. Pero no me lo dan.
Y la peor de los últimos tiempos: si me dicen que me quieren, estimo que harán cosas acordes a su estima. Pero no están. Ergo, no me quieren; interpreto yo.

Pido, desde este estúpido espacio, que no palabreen entonces que vendrán, que nos encontraremos, que tienen algo para mí, que me quieren si no harán nada posterior para dar cierto valor a ese palabrerío. Fue Derrida quien dijo que no hay nada fuera del texto. Entonces, yo, que me la paso interpretando, creo, tomo, consumo tu palabra. Y me indigesto con ella. Y de veras, abro la puerta y noto que no hay nada, pero nada, fuera del texto, tu texto.

Texto-contexto. Mejor no te contesto. Si lo hiciera, el peso que yo le otorgo a mis palabras sería tan grande que no podría dormir sabiendo que dije cosas que realmente no quería decir. No me interesa ofenderte. Pero tampoco me interesa que me ofendas, a mí, a mi credulidad y a mis interpretaciones.

Todo, absolutamente todo, es interpretación. No me hago cargo de cómo interpretes mis silencios, mis sonrisas, mi cara de pocos amigos, las miradas que te echo desde lejos o a la foto tuya que hay en Internet, los mensajes de texto que tipeo cuando deambulo en saber o no saber (interpretar) si me quieren o no. Tengo bastante trabajo con las interpretaciones que hago de los actos de ustedes.

jueves, 19 de mayo de 2011

Huele a espíritu adolescente



Tengo una vecina joven. Independiente. Que le gusta la música. La música fea, pero le gusta. Hace poco fue madre. Y se convirtió en otra clase de persona, de esa clase que se pone la camiseta de la maternidad y dice: "Ahora que soy madre estoy un paso por encima de la raza humana."

Yo estoy en constante involución. Muchas noches, Dionisio gana la pulseada y me emborracho. Me emborracho y pongo la música fuerte. Me emborracho y canto a los gritos.
El sábado a las 5:30 a.m., vibré la música y canté a los gritos.

Ella me tocó el timbre como advertencia y bajé la música. Odié hacer eso: a mí me gusta jugar con los límites, siempre. Y, como Dionisio, por lo general, salgo bastante lastimada.
Desde el domingo a las 11:30 a.m. en adelante, la madre vecina se dedicó a tocarme el timbre a cada momento que le era posible para dejar en claro lo que el timbre, con gran maestría, había aclarado ya. No le quise abrir porque creí que sólo era para agredir.

Me angustié. Haber matado a Apolo no me hizo gracia. Tampoco me hizo gracia cuando lo maté el domingo y tuve que vivir un lunes resacoso. Haber jugado con los límites tampoco me trajo placer. El placer duró lo que el grito, lo que el mi, lo que el fa, lo que la risa. Luego, todo fue tenebroso, enfermo, obsesivo. Desde sus timbrazos hasta mis rechazos. Yo tengo cada vez menos años de edad y me separo cada día más de la idea de la maternidad. Me siento demasiado liviana como para cargar con tanto peso. ¿Para qué traería una persona al mundo? ¿Para decirle que en realidad, como dijo mi ídolo Darío Sztajnszrajber,
"todo es medio un bajón"? No podría. Ceder mi cigarrillo cómodo, mi no cocinar, mi llegar del laburo y disfrutar de la vida 2.0, mis siestas de 20 a 22 hs, mi música fuerte... La música y yo somos uno cuando la escucho, cuando la canto a los gritos, cuando la bailo. Yo soy con música. Mi amigo Fede Nietzsche dijo que la vida sin música sería un error. Por estos momentos, mi vida es un error. Yo soy un error del sistema conformado por el Bendito Consorcio de la Orden de La Concha de Su Hermana.

La vecina anoche tuvo la chance de que yo le abriera la puerta. Despotricó contra mi estilo de vida, juzgándolo de solteril (aunque no usara esas palabras); sugirió que me mudara a un PH; me aconsejó gritar en el parque. Todo esto, porque ella es madre. Todo esto, porque huelo a espíritu adolescente. Todo esto, porque siento. Y cuando siento, siento a todo volumen.

La decisión está tomada: en septiembre me mudo. Yo amo mi departamento, pero no es mío ni quiero vivir al lado de los jóvenes envejecidos que comienzan a pertenecer al gremio de los padres y madres argentinos, ofuscables, irritables, sensibles, susceptibles, anti-adolescentes.

Cuando disparó contra mi integridad, opté por el silencio. Fui puro Apolo. Dionisio se quedó a un lado y habló cuando cerré la llave. Los llevo adentro, tanto como llevo a Cobain, a Mustaine, a Fer Ruiz Díaz, a Ramón Díaz, a Almeyda, un alma... Soy un alma inmadura en un mundo de padres y madres. ¡Oh, Bartleby! ¡Oh, humanidad!

domingo, 15 de mayo de 2011

Caca

Hace unos días tengo la sensación nasal de que todo es una caca.

Quizá esté directamente relacionado con la enfermedad menstrual que me aqueja, pero todo es una caca.

Los vecinos son intolerantes con mi incipiente alcoholismo. A mí me hace feliz gritar y cantar. A ellos les parece que me meto en ese límite donde empieza la libertad del otro.

Los hombres toman cosas simples para mí como una rompedera de huevos. ¿Que me demuestres interés es romper los huevos? Ok, no me llames, pero olvidate que yo me acuerde de reservarme para vos.

Los conocidos hablan de mis gestos corporales como una "provocación constante". Dicen que vivo en pose trola, que quiero tener a todos a mis pies. Que charlar, pararme, lo que sea, tiene implícita una carga erótico-felina que indica mi alto nivel de trolez.

Le estoy agarrando el gustito al alcohol. Me gusta estar en pedo porque pierdo el filtro y les puedo decir a todos lo que opino.

Ahora mismo estoy en pedo.

Por eso, porque algo de filtro me queda, dejo de escribir.

viernes, 22 de abril de 2011

Cierta completud

Ya lloré. Ya padecí. Ya dejé de comer. Ya volví a descubrir los sabores en el paladar. Ya soñé que me abandonaba una y mil veces. Ya dejé de soñar con eso. Ya me dí la cabeza contra la pared. Ya me cuido de los golpes. Ya sentí dolor, pero hondo. Ya no me duele tanto. Ya descreí. Ya decidí que dejar de creer no está bueno. Ya maldije al culpable de mis llantos. Ya no quiero traerlo más a colación. Ya bailé con la más fea. Ya aprendí el moonwalk. Ya está.
La primera vez que lo vi era 14 de febrero. Cupido andaba por el techo del lugar, cagándoseme de risa. Yo venía de armar la fiesta de San Solterín. Me gustaron sus ojos. Lo dejé pasar. Gente con ojos lindos hay montones.
Pero avanzó el calendario y me habló. No pensé nada. Gente que habla hay montones.
Un día decidió que me iba a hacer compañía mientras yo oficiaba de camarera. Pensé que era divertido. Pero, claro, gente divertida hay montones. Bueno, no. No hay montones.
Los ojos le sonríen cuando habla. Tiene la risa espontánea, le sale como a un nene. Se paraba a mostrarme su arsenal de simpatía. Y entonces, si no venía, era un día aburrido. Y entonces, si me encontraba ociosa en algún lugar, se ponía a hablar conmigo. ¿Qué le pasa? ¿Qué me pasa?
Mirándolo en detalle, este tipo no se parece en nada a lo que para mí es un tipo atractivo. Pero, Nadia, hacé memoria: ¿qué te pasa con los tipos atractivos?... Ah, sí, cierto... Terminan esquivándote. Te gustan enfermos, traumados, dolientes, abandónicos. ¡¿Por qué?!
Dejalo hablar al pibe. ¿No ves que te gusta cómo habla? ¿No ves que te mira cuando cree que no lo mirás? ¿No ves que estás esperando que aparezca, a esa hora, en ese lugar? ¿No ves que el otro día te echaste a dormir la siesta y soñaste con él? Dejalo hablar, dejalo que te cuente quién es. Sí, los ojos le sonríen cuando habla. Sí, está bien. Sí, es... Sí, sí, sí. ¡Sí!
Estoy contenta. Me gusta. Le gusto. Lo miro. Lo escucho. Le hablo. Lo mimo. Lo cuido. Lo espero. Lo freno. Lo traigo. Lo llevo. Lo disfruto. Lo saboreo. Lo extraño. Lo dejo. Lo exploro. Lo veo. Lo huelo. Lo toco. Lo abrazo. Lo beso. Lo arropo. Lo que quiera Dios que sea, dice Alejandro Sanz. ¿Y si fuera él?
Le escribo a Ale Sanz en Twitter. Le digo "Me podés contar lo que quieras del amor, que yo te creo." El genio me responde: "El amor no se cuenta, se vive." Ahora estoy escuchando las historias de amor vividas que Ale canta. Y quiero vivir una. Ah... ¡Estoy viviendo una!
Lo que quiera Dios que sea. Vivir es lo más peligroso que tiene la vida. Llueve, tu pelo se te moja y duele. Si pierdo, lo diré bajito. Le he robado el alma al aire para dártela en este suspiro. Sin saber qué hacer: si sentir o pensar.

jueves, 30 de diciembre de 2010

The bass and the treble

Acercándose fin de año, la gente se pone melanco y entra a hacer balances. Yo soy gente, así que también lo hago. Dividir el tiempo en doce meses y ponerle números a cada día contenido en ellos es convención humana pero cuando llega ese último día, algo se mueve adentro. Uno va revisando lo sucedido, lo no sucedido, la lista mental de proyectos cumplidos y todo eso y va preparando el brindis. Sí, vamos pensando por qué vamos a hacer sonar las copas a las 00:00 hs del 1º de enero en familia.
Yo ya hice el balance y al pensar en esta palabra, pensé en un equipo de música. Todos sabemos que el balance siempre se deja en el medio, caso contrario sale más sonido por un parlante que por el otro. El balance equilibra los sonidos. Al ñudo agregar que el balance me equilibra a mí. A la mala y a la buena, a la voluntariosa y a la vaga, a la seño y a la loca, a la correcta y a la rebelde, a esas dos que viven en mí y en todos.
Esta es la lista surgida del balance de fin de año, a grandes rasgos:

COSAS POSITIVAS COSAS NEGATIVAS
- Me fui a vivir sola - Me fui a vivir sola
- Me separé de mi novio - Me separé de mi novio
- Me llevé muy bien con mis alumnos - Me llevé muy bien con mis alumnos
- Me quedé sin trabajo - Me quedé sin trabajo
- Fumo más y como menos - Fumo más y como menos
- Me tuve que comprar ropa nueva - Me tuve que comprar ropa nueva
- Aprendí a vivir solita - Aprendí a vivir solita

Y que todo depende de cómo quieras mirar el vaso. Yo lo veo medio lleno. ¿Y vos?

sábado, 11 de septiembre de 2010

(Compromiso) Mala suerte y hasta luego

¿Por qué somos tan imbéciles, que esperamos que la palabra de los demás tenga validez, perdurabilidad, veracidad? ¿Por qué esperan eso de mí? ¿Por qué espero eso de ustedes? Me invade un gran nopodermiento witoldiano.
Ayer fui al teatro. Sola. Solas mi alma y yo. Esperaba que fuéramos cuatro. No sucedió. Entré igual y vi la obra. Me gustó. Salí y caminé desde Newbery y Córdoba hasta Cabildo y Olazábal, pensando en las dos cosas que postergué por haber ido al teatro; sola. Yo me comprometí a estar y me descomprometí con otros. ¿La hubiera pasado mejor en los otros dos compromisos que pude haber tenido? No sé. Porque ya no sucederán.
Pero, quizá la verdadera causa de este plantazo sea mi vestimenta: llevaba puesta la remera de la mala suerte. Sólo dos veces usé esta remera, con el mismo resultado: me quedaba sola al final. Tami me dijo que hay ropa interior de la mala suerte. Bueno, yo tengo una remera. Es linda. Es nueva. Necesito la ayuda de ustedes para decidir: ¿la sigo usando o la escondo en el arcón de los (malos) recuerdos? ¿La prendo fuego? ¿Me la fumo? ¿La dono?

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Matafuegos

Ayer tuve una reunión obligatoria acerca de cómo evacuar el colegio en caso de emergencia. El Sr. Carlos, que se reía demasiado al hablar, explicó que los matafuegos se descargan en su totalidad en 15 segundos, siempre y cuando sean usados de una sola vez. Y también nos contó que el polvo que todo lo apaga (bah, todo no: los fuegos de tipo a, b y c) logra aniquilar las llamas en dos segundos. Dos. Segundos. Uno. Dos.

Ya pasó.

Ya pasaron.

Y yo me pregunto: ¿con qué matafuegos es que todo lo que era hermoso se apagó?

viernes, 8 de agosto de 2008

BQB

Mi abuela me había dicho: "¿No te mareás?". Y yo, canchera, con mi experiencia de dos viajes en velero tomando mate y comiendo facturas, dije: "No, abue". La ida estuvo bien, con un Río de la Plata buena onda. La semana en Colonia, impecable, a excepción del humor de las nubes, muy oscuras y amargas. La vuelta, con mate y bizcochos preparados, se imponía distinta: el Río de la Plata estaba mandando olas. ¿Río de la Plata o Mar del Plata? Me senté junto a la ventana, me cebé uno o dos antes del arranque y empecé un libro nuevo. A poco de empezar a transitar el Río Mar del Plata, miré por la ventanilla y sólo vi las luces que indicaban que eso que estaba ahí era Colonia. No estábamos dejándolas atrás, no. Más bien, subían, bajaban, subían, bajaban. Y así la cabeza, y así el estomágo. Me desabroché el pantalón, como si fuera cuestión de gula. Mi centro no encontraba centro. Mi base de sustentación, insustentable. Mi esófago empezó a jugar a ser sorbete. Y la vida misma sorbió de él.
En menos de media hora vomité toda la calabresa que había degustado tres horas antes.


Así estaba el Río de la Plata la mañana del 2 de agosto.